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Athenea Digital - num. 9 primavera 2006-

Del Sujeto a la Agencia. Una mirada Psicosocial sobre la acción política

José Enrique Ema López

Universidad de Castilla-La Mancha
je.ema@arrakis.es

 

Esta tesis doctoral tiene su campo de preocupaciones en la “trastienda” de la teorización social sobre la acción política, especialmente en el cuestionamiento de algunos de sus lugares comunes más relacionados con los presupuestos modernos que sostienen la acción política emancipadora en la figura de un sujeto humano transparente, autónomo y racional, que sería origen y fuente del conocimiento y de la transformación de mundo.

Pretende mostrar y hacer compatible un conjunto de críticas tan heterogéneas como contundentes hacia algunos principios ontológicos y epistemológicos de la modernidad con una apuesta y compromiso con algunas de sus propuestas emancipatorias.

Tomamos como punto de partida dos paradojas, que son en realidad las interpelaciones básicas que motivan entre trabajo. Una se refiere a un determinado análisis de realidad y otra a las herramientas teóricas que empleamos para este análisis.

En la primera conviven dos elementos aparentemente contrapuestos. Por una parte, la “constatación” de la extensión en nuestro contexto de un discurso despolitizador en el que algunas cuestiones que antaño se consideraron políticas ahora son definidas como mera gestión técnica de los posibles que ya están dados en el interior de una configuración ideológica hegemónica determinada: la del capitalismo global contemporáneo. Desde este punto de vista, ya no hay cuestiones polémicas que discutir sino buenas reglas que aplicar (y las buenas reglas son las reglas que “funcionan”). Esta despolitización viene a significar una nueva forma de absolutismo que toma como fundamento la asunción acrítica de las leyes del mercado como leyes naturales. La situación es compleja porque se instala como sentido común que, a modo de profecía que se autocumple, sólo admite los posibles que ya se comparten como objetividad incuestionable antes de pensar en su posibilidad. Pero simultáneamente, y aquí reside la paradoja, las formas de poder y control contemporáneas han devenido en biopolíticas y atraviesan de forma capilar los espacios públicos que fueron definidos para la política (espacios, por otra parte, cada vez más reducidos) pero también los rincones más íntimos de nuestra vida privada, deseos y necesidades. Esta politización radical de la vida supone sin duda una condición de posibilidad para la proliferación de prácticas de resistencia y de trasformación, por dentro y por fuera de cualquier ámbito o práctica formalizada en el discurso público como “política”.

La segunda paradoja se refiere a las posibilidades mismas de la actividad crítica. Así, por un lado, sigue siendo necesario fundamentar descripciones sobre el mundo más clarificadoras y más ajustadas a la realidad para desde este conocimiento “apropiado” poder comprometernos con la modificación de las situaciones de dominación que nos parecen ilegítimas. Pero, por otro, sabemos que la fundamentación epistemológica del conocimiento no encuentra un lugar último y está atravesada por diferentes relativismos (histórico, sociológico...) incluso no sólo la fundamentación epistemológica, tampoco podemos encontrar ningún elemento de fundamentación en última instancia de nuestras propuestas éticas y políticas.

Sin embargo en esta tensión paradójica entre lo necesario, el conocimiento crítico, y lo imposible, la legitimación definitiva de éste, nos movemos. Así sigue habiendo propuestas políticas, movimientos de resistencia frente a las relaciones de opresión y propuestas éticas y políticas que consideramos mejores que otras. Ciertamente las críticas a los presupuestos modernos han modificado las reglas sobre la actividad crítica y los juegos de legitimación de nuestras posiciones éticas y políticas. Sin embargo, no han cancelado la validez de los principales valores que la modernidad ilustrada puso en el centro (igualdad, libertad,..) sino, más bien, han supuesto un debilitamiento y modulación del estatus ontológico como fundamento último de alguno de sus principios (racionalidad universal, sujeto cognoscente, vinculación entre progreso y emancipación).

Estas dos cuestiones: (1) el triunfo de un discurso despolitizador junto con las condiciones para una hiperpolitización radical de la vida; y (2) la necesidad de herramientas de análisis y transformación crítica y emancipadora, que sin embargo no pueden fundamentarse de manera definitiva, marcan las dos preguntas básicas a las con las que se enfrenta este trabajo: la primera se interroga por el contenido y el carácter de la acción política hoy en día. ¿Qué es la acción política? ¿Cuáles son sus criterios, sus posibilidades y sus límites? La segunda, se refiere a las herramientas teóricas para pensar en la acción política en nuestro contexto postmoderno. En realidad se trata, más que de responder a unas preguntas que en cierto sentido configuran el campo de respuestas posibles, de proponer un punto de vista sobre aquellos aspectos que sostienen una noción de acción política que hoy en sus aspectos prácticos y en sus presupuestos teóricos está en crisis. Estos elementos se refieren además de a la propia noción de acción política, a los derivadas del cuestionamiento de determinados presupuestos modernos sobre el conocimiento, la naturaleza del mundo y el sujeto.

Contenidos

Este trabajo se articula en torno a tres elementos.

El primero se refiere a la elaboración de un punto de vista psicosocial postconstruccionista que, a la vez que participa de algunos de los presupuestos y propuestas del construccionismo social, también se desmarca de algunos de ellos para prolongar su motivación antiautoritaria y antimetafísica. De manera sintética, matizamos la noción de construcción social de la realidad, para entenderla como co-construcción semiótica y material entre entidades diversas y como re-construcción, en tanto que proceso situado en un trasfondo de regularidades que aunque no esenciales, son condición de posibilidad de toda práctica. Así, entenderemos las prácticas sociales como constructoras del mundo pero también como construidas y constreñidas por él.

El segundo propone una noción de acción política como acontecimiento que (1) pone de manifiesto la ausencia de una naturaleza última, la posibilidad de otros modos de ser, la contingencia como característica constitutiva y necesaria de nuestro orden social; y que (2) supone también el intento de instaurar como norma otras condiciones de posibilidad que emergen al subvertir y modificar un orden anterior.

El tercero supone un desplazamiento de la prioridad por el sujeto para pensar en la acción política hacia la agencia (sin que este movimiento suponga abandonar el uso de la categoría de sujeto, sino matizar la mirada absoluta del antropocentrismo moderno). Abordar este asunto mediante el empleo del término agencia ya indica una toma de postura. Ésta es la que atiende sobre todo a la producción de efectos no tanto a la caracterización de un sujeto al margen de sus virtualidades como dinamizador de las prácticas... y también como resultado de ellas. Así, no se dejará de referirse al sujeto pero se hará siempre en relación con la acción teniendo en cuenta que las relaciones entre sujeto y acción no siempre son unidireccionales y previsibles.

Así, presentaremos dos formas de abordar las tensiones provocadas por el privilegio del sujeto de la modernidad para pensar en la política. Una de ellas se centrará en su politización radical, introduciendo al sujeto como territorio y consecuencia de la propia acción. Otra, se referirá a la acción desde la noción de agencia como privilegio de las conexiones y los movimientos frente a las (id)entidades.

Para ello se proponen, a partir de este desplazamiento de la prioridad por el sujeto para pensar la acción hacia la agencia, cuatro figuraciones sobre la agencia (que incluyen al sujeto) y que desarrollan los presupuestos “postconstruccionistas” que se han expuesto anteriormente. Éstas serán: posiciones de sujeto, sujeto del acontecimiento, sujeto en/de la semiosis y el actante; y junto con ellas nos referiremos a sus correspondientes modos de constitución: interpelación, performatividad, experiencia y articulación.

A partir de estos tres elementos y de la introducción de algunos nuevos (como la noción de biopolítica y la de hegemonía) terminamos de dar forma a una mirada analítica sobre la acción política y un intento de respuesta parcial a algunas de las incertidumbres que atraviesan a ésta en nuestro contexto contemporáneo. Utilizamos además el proyecto de “Precarias a la Deriva” para ilustrar algunos de nuestros argumentos.

***

Después del viaje que ha supuesto este trabajo, la “tierra media” entre el infierno del nihilismo al que supuestamente nos llevarían algunos presupuestos ontológicos y epistemológicos postmodernos, y el “absolutismo” de las verdades últimas, parece amplia y esta llena de caminos por hacer al andar. La ausencia de verdades últimas, es, como hemos visto, la condición misma de lo político y sitúa en el centro la cuestión de la responsabilidad con nuestro lugar de enunciación.

En tanto que cuerpos sujetados pero simultáneamente con agencia, estamos localizados y situados, enredados y constituidos en relaciones de las que no parece fácil escaparse para ocupar un supuesto lugar de observación neutral y privilegiado. Como hemos visto, nuestras acciones aunque tienen un carácter productivo y constitutivo, tal y como se afirma desde los diversos constructivismos, están también constreñidas a la vez que habilitadas por un trasfondo de sedimentaciones y relaciones de poder. Así, desde el plano de la reflexión sobre el sujeto -sujetado y agente- y el de la acción –situada y productiva- se confluye en la misma idea: la acción política se produce en la tensión entre la subversión y la reproducción de las reglas que la hacen posible. Y atrapados en esta tensión estamos los sujetos humanos, limitados, pero simultáneamente articulados con otros actores-procesos-red (actantes) para implicarnos apasionadamente en las transformaciones del mundo que habitamos.

No podemos esperar a un mapa que nos marque el camino de modo definitivo, su principio y su final. Sin embargo, tampoco parece que convenga sentarse en el camino y renunciar a caminar porque nuestros mapas no nos digan todo. La apuesta de este trabajo es la de continuar haciendo y rehaciendo mapas para movernos, a sabiendas de nuestras limitaciones, pero precisamente partiendo de ellas. Estamos obligadas a asumir los riesgos de construir cuando los cimientos no pueden ser todo lo sólidos que nos gustaría. Esta técnica arquitectónica tan peculiar funciona en el sentido contrario al que nos enseñaron en la escuela (primero el cimiento y luego el tejado) pero implica una mayor alerta crítica y responsabilidad individual y colectiva para no dejar de revisar y apuntalar mientras se construye.

Si hay política es porque una vida no tiene un plano o un mapa que detalle con precisión todos los caminos. En realidad, si lo tuviera, sería el mismo fin de la vida como posibilidad de creación y placer, y la victoria de la serie, la repetición y la gestión de lo mismo. Por eso la vida no puede, no debe, dejar de ser vida política, aunque de esta condición no podamos obtener ninguna garantía.

Finalmente, que un mapa no pueda recorrer el camino por si sólo, nos traslada esa responsabilidad a nosotras. Esta es quizá la única “obligación” o la única condición inevitable para una vida política, la necesidad de decidir cuando las decisiones no son la expresión de una regla o un mapa cerrado y definitivo. Esta es nuestra limitación, pero también nuestra potencia: la producción de otros modos de vida que hagan de la vida, vida política; no sólo una mera supervivencia, sino una continua producción de posibilidades. Que esta condición sea una condición global para todas las ciudadanas de nuestro planeta es hoy una tarea urgente e irrenunciable que comienza por cuestionar y politizar lo que a los ojos de muchas aparece como incuestionable: que los posibles que ahora tenemos son los únicos realmente posibles.

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