Untitled Document Athenea Digital. número 4- Otoño 2003

de Certeau , Michel (1979)
La invención de lo cotidiano. México: Universidad Iberoamericana, 1999.



Noel García López
Universitat Autònoma de Barcelona
ngarcialo@uoc.edu

 

Estimado lector de reseñas, si conoces a alguien que tenga la posibilidad de conseguir algunos ejemplares de esta obra (ardua tarea) no dudes en adquirirlos. De lectura compleja y amena, La invención de lo cotidiano nos ofrece un placentero itinerario poético por el mundo de lo cotidiano, en busca de un encuentro con distintas maneras de observar, percibir y contar la vida ordinaria desde dentro.

Michel de Certeau fue un apasionado historiador interesado por la epistemología, la mística y las corrientes religiosas de los siglos XVI y XVII. Además de incansable viajero, ejerció como historiador de la medicina y la sociedad, como teólogo y como psicoanalista, fue jesuita e impartió clases de historia y de antropología. Los temas que atraparon su obra fueron la escritura de la historia y la relación entre las instituciones de conocimiento y la noción de verdad; sus influencias directas se encuentran en Freud, Lacan y Foucault y sus métodos en un continuo entrecruzamiento entre la filosofía analítica, la lingüística o la semiótica.

La invención de lo cotidiano es fruto de una investigación que la DGRST (Délégation générale à la recherche scientifique et technique) solicita a Michel De Certeau para analizar los problemas de la cultura y la sociedad francesa. La investigación se sitúa entre 1974 y 1978, y se publica en 1979 en dos tomos: La invención de lo cotidiano: 1.Artes de hacer y 2. Habitar, cocinar. La investigación la lleva a cabo Michel De Certeau junto con dos personas que colaboran a lo largo de todo el proceso, Luce Giard y Pierre Mayol, y se encargan fundamentalmente de la segunda parte.

En su primer tomo, Artes de hacer, De Certeau desarrolla el planteamiento teórico de la investigación. El mismo autor nos ofrece un vuelo de pájaro de los temas que van a guiar el recorrido:

La investigación nace de una interrogante sobre las operaciones de los usuarios, supuestamente condenados a la pasividad y a la disciplina. Las “maneras de hacer” cotidianas van a ser el centro de atención de la investigación. Partiendo de la relación producción-consumo, y entendiendo consumo como el acto de usar, apropiarse y practicar todo objeto producido (una manzana, un programa televisivo, un plan urbanístico o una reseña virtual) De Certeau se interesa por la práctica del hombre común, sus ardides para gestionar opciones cotidianas, indisociables de un resolutivo “arte del hacer”. Para ello, tres temas atraviesan el texto ofreciendo distintas miradas: el uso y el consumo, la creatividad cotidiana y la formalidad de las prácticas.

En cuanto al uso y el consumo, De Certeau nos llama a reconsiderar el papel asignado al consumidor común sin caer en la reiterada concepción de la cultura popular con todos sus déficit y pasividades. Las ciencias sociales, afirma De Certeau, han hecho de las representaciones y los comportamientos de una sociedad su objeto de estudio dejando de lado la identificación del uso que se hace de estos objetos. En los intersticios entre la producción y el consumo habita un espacio de realización, de fabricación, una poiética oculta y diseminada en las maneras de hacer. El consumidor, en su recepción y apropiación del entorno metaforiza el orden dominante y desvía las direcciones propuestas. A una producción racionalizada, expansionista y centralizada, ruidosa y espectacular, corresponde otra producción astuta, silenciosa y casi invisible, que opera no con productos propios sino con maneras de emplear los productos.

Estas maneras de emplear contienen toda una creatividad cotidiana que apasiona a De Certeau, convencido de las maravillas que oculta el quehacer ordinario. De Certeau entiende que se tiende a privilegiar (citando a Foucault y a Bourdieu) el análisis de los sistemas que ejercen el poder y sus efectos en la estructura social. Tomando Vigilar y Castigar, de Certeau afirma: Si es cierto que por todos lados se extiende y se precisa la cuadrícula de la “vigilancia”, resulta tanto más urgente señalar cómo una sociedad entera no se reduce a ella; qué procedimientos populares (también minúsculos y cotidianos) juegan con los mecanismos de la disciplina (...) en fin, qué maneras de hacer forman la contrapartida, del lado de los consumidores (...) de los procedimientos mudos que organizan el orden sociopolítico.

Mediante distintas maneras de hacer en el interior de las estructuras, los usuarios se apropian del espacio organizado y modifican su funcionamiento. Para el autor, de lo que se trata es de exhumar las formas que adquiere la creatividad dispersa, táctica y artesanal de grupos o individuos.

Para esbozar las combinatorias operativas de lo que el autor define como el pensamiento que no se piensa, De Certeau fija su atención en la práctica de lectura y en las prácticas de espacio, mientras que los coautores del segundo tomo, Habitar y cocinar, desarrollan la investigación en las maneras de habitar un barrio y el ritual cotidiano de cocinar en casa.

En Artes de hacer, De Certeau establece las relaciones entre la escritura, la lectura y el habla y entre el espacio pensado y definido y el practicado y transformado. Entendiendo todo acto de consumo como una práctica de lectura, y toda producción como un acto de escritura, la nuestra es una sociedad convertida en texto y lectura, agotadoramente lectora de mensajes verbales, de imágenes, de sonidos… de todo un espectáculo para la mirada. Ésta mirada es, sin embargo, todo menos pasiva. De Certeau entiende la lectura en sus tácticas, sus maneras de cazar el objeto y hacerlo propio, de combinar, metaforizar y crear paisajes inexistentes. El acto de transformación poética de la lectura es propio de toda práctica de uso y consumo. En el uso de la lengua, de un sistema de signos, una sintaxis y una gramática, de un conjunto de sentidos literales, el habla es acto transformador de sentido, operación propia de creación. La palabra enunciada es la práctica de la lengua, así como el paseo por la ciudad es la práctica del sistema urbano, es el acto de enunciación de la ciudad. La palabra articulada es un lugar practicado.

La voluntad de retorno a las prácticas implica el análisis de la apropiación y la poiésis del sentido literal, la creación del relato a partir del objeto producido, del concepto definido. La vida cotidiana toma textos escritos y construye relatos, lee mapas e imagina recorridos, encuentra lugares y practica espacios, toma sentidos literales y abre caminos figurados que metaforizan el orden, construyen aventuras y le dan sentido propio. Relatos, cotidianos o literarios, que son nuestros transportes colectivos, nuestras metaphorai. Todo relato es un relato de viaje, una práctica de espacio. El relato de las prácticas, aventuras narradas que producen geografías de acciones y derivan hacia los lugares comunes de un orden, no constituyen solamente un suplemento de las enunciaciones peatonales y las retóricas caminantes. En realidad, organizan los andares. Hacen el viaje, antes o al mismo tiempo que los pies lo ejecutan.

Este planteamiento abre las puertas a la segunda parte de la investigación, Habitar, cocinar, donde se pretenden trazar los rasgos de una cotidianidad concreta. En Habitar encontramos todo un ejercicio de dilucidación de las prácticas culturales de los usuarios de la ciudad en el espacio de su barrio. El barrio acontece escenario de una vida cotidiana llena de tácticas, compromisos y conveniencias, estructura aglutinante de relatos y aventuras urbanas. Cocinar se ubica en el espacio privado de la familia y sus múltiples relaciones para dar cuenta del arte de manipular y gozar los alimentos y el espacio de la memoria compartida. Entrevistas, relatos, encuestas y experiencias tejen un apasionante trabajo sociológico, antropológico e historiográfico que atraviesa los espacios de la etnometodología, la sociolingüística, la semiótica o la filosofía analítica.

Desplegando apasionantes relaciones y paralelismos entre, por un lado, la lengua, el texto, la ciudad y los alimentos como objetos producidos, y por otro, el habla, la lectura la práctica urbana y la cocina como actos de creación, los autores reclaman atención para considerar la cultura en la manera como la practicamos; no en lo que más valora la representación oficial o la política económica, sino en lo que la sostiene y organiza, esto es, en lo oral, lo operativo y lo ordinario, en los infinitos ardides y escamoteos, en las tácticas de desvío, en la creación de relatos, las astucias retóricas, los atajos sin nombre… en la práctica del hombre ordinario, vida cotidiana de relato que no se lee a sí mismo y pensamiento que no se piensa a sí mismo y es así mismo acto ético y poético, aventura de entendimiento, imaginación y deseo.

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