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Athenea Digital - num. 1 primavera 2002-

Movimientos sociales y trayectos sociológicos:hacia una teoría práxica y multidimensional de lo social

Ignacio Mendiola Gonzalo

Universidad del País Vasco

 


Establecer los elementos centrales de la tesis doctoral constituye un viaje introspectivo que, más allá de la mera repetición ritualizada de una serie de planteamientos y conclusiones ya asumidos, no siempre resulta tarea fácil en la medida en que obliga a pensar (de nuevo) aquello desde lo que pensamos, interrogarnos a nosotros mismos sobre los fundamentos analíticos que conforman los pilares que confieren forma y contenido a nuestras reflexiones. El resumen abandona así el complaciente decir (de nuevo) lo que ya se ha dicho y se torna en un repensar lo que hemos dicho. En este sentido, creo que mi tesis puede ser releída desde la confluencia metafórica que se desata entre las imágenes del pliegue y la cartografía.

Ahora bien, hay que explicar en qué contexto irrumpen estas metáforas y su pertinencia analítica en el marco del objetivo que persigue la tesis. La tesis se asienta en un triple objetivo, un triple movimiento que, lejos de desarrollarse en forma lineal avanza mediante oscilaciones pendulares, desplazamientos rizomáticos, lo cual confiere a la propia escritura una estructura en la que las cuestiones no se abandonan sino que son retomadas desde los horizontes y momentos que establece cada momento de la argumentación. Dicho movimiento podría establecerse de un modo sucinto en los siguientes términos: a) El primer eje pretende establecer un replanteamiento crítico de la práctica sociológica conducente a otorgar a los procesos paradójicos, ambivalentes y heterogéneos de subjetivación una preeminencía ontológica en el quehacer sociológico. El proyecto foucaultiano, en estrecha conexión con la filosofía política de Deleuze y Guattari, así como las recepciones que de estos planteamientos se realizan en determinadas corrientes del feminismo y en la sociología de la ciencia (fundamentalmente la teoría del actor-red, susceptible de ser redefinida como ontología del actante rizomático), constituyen las apoyaturas teóricas ineludibles en un ejercicio teórico volcado en analizar el modo en que nos constituimos en sujetos, la singularización de la identidad en entramados relacionales donde lo humano y lo no humano se entreverán en procesos indiscernibles. b) La pertinencia de introducir a los movimientos sociales radica en que éstos constituyen, fundamentalmente, una problematización (rizomática) de determinados procesos de subjetivación, es decir, una experimentación activa (técnicas del sí) por medio de la cual los posicionamientos diversos (sexualidad, género, clase social, etnia, edad, religión) desde los cuales se piensa y se actúa adquieren la categoría de problema: el orden habitual, la cotidianidad que nos ha capacitado como sujetos deviene espacio-tiempo multidimensional desde y sobre el cual se activan desplazamientos semiótico-materiales, líneas de fuga (proxémicas) que inauguran otros espacios (entramados de hábitos) y tiempos (ritmos, tramas narrativas). c) La tematización de los movimientos sociales en el marco que aparece esbozado en el anterior punto es contrastada con las principales líneas teóricas que han analizado el fenómeno de los movimientos sociales ahondando, fundamentalmente, en las deficiencias que, a mi juicio, se derivan de una conceptualización insuficiente (al margen de los matices existentes entre los diferentes planteamientos) que ha obviado la dimensión espacio-temporal de las prácticas de los movimientos (teoría de redes portadora de un poso geométrico por medio de la cual los movimientos aparecen en el espacio y en el tiempo —en singular— y no como creadores de tiempos y espacios), ha equiparado la dimensión política a su dimensión más institucionalizada (estructura de oportunidad política) y ha reducido la dimensión identitaria a un proyecto reflexivo desencarnado (teoría de los marcos cognitivos). Más allá de las deficiencias que pudieran ser reseñadas ha sido el propio modo de concebir el quehacer teórico, sustentado en la superposición de enfoques disímiles que vendrían a subsanar carencias mutuas y no tanto en el análisis crítico de dichos planteamientos, lo que confiere a las teorías de los movimientos sociales una fragilidad acentuada por el mantenimiento de una reproducción endógena que legitima las producciones internas de la disciplina y dificulta los debates con otros enfoques teóricos.

Proceso de subjetivación, problematizaciones que se hacen del mismo desde la práctica de los movimientos sociales y replanteamiento crítico de la conceptualización realizada acerca de los movimientos sociales. La tesis avanza y se estructura sobre la base de la profunda interconexión entre estos tres ejes.

Desde este sustrato cabe afirmar la idoneidad y pertinencia de la confluencia metafórica antes mencionada ya que es en la conjunción desencadenada entre el pliegue y la cartografía en donde cabe visualizar la realidad que, de un modo más determinante, nos (pre)ocupa: la liminalidad. La reconceptualización del sujeto, de la identidad en términos de una liminalidad susceptible de ser sintetizada en la finura analítica de Simmel: “El ser humano es el ser limitado que no tiene límite”; esto es lo que nos (pre)ocupa, la tensión irreductible entre las condiciones de posibilidad que nos hablan, piensan y hacen y la experiencia performativa, intencional y corporeizada que tiene lugar desde y sobre lo que (nos) hace, (nos) piensa y (nos) dice. La subjetivación es una práctica en y de los límites, y lo que en ella tiene lugar son pliegues susceptibles de ser cartografiados.

Pliegues de individuación por medio de los cuales el sujeto se revela como un pliegue del afuera, una singularización lábil de formas de hacer y pensar que componen el espacio pre-subjetivo: entramados de hábitos que nos habitan y (nos) hacen; tramas narrativas que (nos) dicen el sentido de las cosas que (nos) pasan, que nos informan del pasado retenido y del futuro imaginado.

Pliegues temporales que nos compelen a afirmar que no se trata tanto de estudiar lo social en el tiempo cuanto temporalizar lo social poniendo de manifiesto la heterogeneidad temporal que anida y conforma toda práctica social; el modo en que el pasado, presente y futuro se co-producen en narraciones colectivas, el modo en que los sujetos permutan diferentes tiempos componiendo contemporaneidades que emergen en el acto de traer al presente sujetos y objetos alejados del presente.

Pliegues topológicos a cuyo través el espacio se revela como una práctica de relación que se transmuta en una filosofía de las preposiciones (Serres) por medio de la cual se abandona la geometrización del espacio confiriendo a éste rango de conexión, trayecto, uso; no somos seres que estamos ahí, nuestro espacio no es el aquí (y nuestro tiempo no es el ahora) sino la ocupación y práctica simultánea de espacios diferentes: lo lejano y lo próximo no designan lugares físicos cuanto designaciones cambiantes que se ven alteradas en la propia práctica que los habitantes (sujetos y objetos) hacen del espacio. El espacio se pliega, como el tiempo, singularizándose en un “estilo de uso”, una glocalidad paradójica, fluida en donde las fronteras se afirman y se niegan simultáneamente.

Pero el pliegue no existe como unicidad, como ente discernible; el pliegue únicamente es observable en su desplegarse, en su plegarse, en su imbricación con otros pliegues: el pliegue se (re)produce junto a, en oposición a, a través de y desde otros pliegues. Al pliegue hay que seguirle, hay que cartografiarle: la sociología se transmuta en una cartografía de los pliegues.

Cartografías teóricas que quiebran barreras académicas y reclaman tránsitos novedosos, vínculos inéditos. Pero también enlaces continuos entre diferentes ejes teóricos gracias a los cuales se puede arrojar luz al desplegarse del pliegue. Ello se materializa, en mi tesis, en la conformación de un holograma teórico que pone en relación espacio, tiempo, poder e identidad. La tesis consiste, fundamentalmente, en la fundamentación (desde una epistemología práxica que entronca con una sociología nómada) y exposición de este holograma a cuyo través emerge, desde diversos prismas, el proceso de subjetivación.

Cartografías de la alteridad por medio de las cuales la tradicional política de la identidad sustentada en los paradigmas de orden, permanencia y origen se transmuta en una política de la coalición en donde la práctica identitaria emerge como efecto semiótico-material del entrelazamiento de una heterogeneidad actancial. La frontera de la identidad en la que visualizar la diferencia permanece, pero esa frontera es, al mismo tiempo, un efecto atravesado por múltiples fluidos que conforman la propia forma de la frontera: el estilo que lleva la huella de la alteridad, la palabra dialógica en la que una multiplicidad de enunciadores (pasados, presentes y futuros) hablan al unísono. La cartografía de la alteridad muestra que nuestro discurso no es nuestro, que nuestro cuerpo no es nuestro: la heterogeneidad nos habita y nos (pre)ocupa.

Cartografías de la lucha, mapas de posibilidad, conformados por los movimientos sociales en su propuesta por alterar la cotidianidad multidimensional desde y sobre la que se actúa y piensa. Los desplazamientos semiótico-materiales propuestos por los movimientos sociales desencadenan cartografías que alteran entramados relacionales traduciendo la ya mencionada heterogeneidad actancial. Los movimientos emergen como mediadores, nodos de conexión que problematizan lo social: la necesidad transmutada en contingencia. Cartografías de la lucha, pero también cartografías proxémicas en las que la cambiante realidad grupal, reticular, del movimiento deviene un fin en sí mismo, un espacio lúdico justificado en su propia permanencia, en la vivencia presente de lo deseable, de lo imaginado. El movimiento, en suma, como actor-red proxémico.

Cartografías del poder en las que se actúa sobre sujetos actuantes; un poder que produce, que individualiza, que sujeta a los sujetos a formas de hacer y pensar, que territorializa; pero también un poder que traza líneas de fuga, que descodifica los territorios para recomponerse en otros espacios y tiempos. No se trata de ensalzar a los movimientos sino de dibujar sus cartografías azarosas en las que las líneas de fuga y las líneas duras se co-producen: geometría e ironía. La línea de fuga puede permanecer como tal, pero puede, asimismo, ser territorializada, fosilizada, tanto interna como externamente. Habitar en los márgenes se asemeja a una tarea propia de Sísifo: los límites siempre se recomponen en su transgresión, por ello el hacer proxémico es tan importante como los efectos ([no] esperados).

La tesis emerge y adquiere forma en esta confluencia metafórica, en los despliegues y repliegues del pliegue de la subjetividad problematizado, en las cartografías rizomáticas que se construyen en el curso de la problematización. Cartografías los pliegues; sí, esta puede ser una (otra) fórmula sugerente de nombrar el quehacer sociológico, la práctica de repensar todo aquello que de un modo más crucial nos (pre)ocupa. La tesis, en definitiva, puede ser leída como un ejercicio cartográfico, una pretensión por fundamentar una sociología nómada, pretensión tan inacabada como inacabable.

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