Autoetnografía crítica de un hogar: Inseguridad residencial, salud mental y resiliencia en tiempos neoliberales

  • José Vicencio Figueroa
Pudahuel es la dirección donde estaba el hogar que me vio crecer desde mi infancia hasta parte de mi juventud. A su vez, es una fisura decisiva que delimitó un antes y un después en mi vida. Hoy, luego de dieciocho años, afronto la vulneración del derecho a la vivienda que sufrí. Para conseguirlo, discuto en este trabajo cómo, desde la gubernamentalidad neoliberal, se instrumentalizó la resiliencia como técnica del yo frente a la inseguridad residencial y su daño en la salud mental. A través de la metodología autoetnográfica, me propongo analizar los significados que evoqué con la gubernamentalidad teorizada por Foucault. Comienzo contextualizando el fraude bancario que arremetió contra mi familia, específicamente en la Crisis Financiera Global. Posteriormente, ilustro el daño que la inseguridad residencial tiene sobre la salud mental. Finalmente, articulo críticamente la noción de resiliencia como técnica del yo.
    Palabras clave:
  • Neoliberalismo
  • Foucault
  • Vivienda
  • Resiliencia
  • Autoetnografía
Pudahuel is the address of the home where I grew from childhood through part of my youth. It is also a decisive fissure that marked a before and after in my life. Today, after eighteen years, I confront the violation of my right to housing that I suffered. In this work, I discuss how, from the perspective of neoliberal governmentality, resilience was managed as a technology of the self in the face of residential insecurity and its damage to mental health. Using autoethnographic methodology, I analyze the meanings I evoked through Foucault’s theorized governmentality. I begin by contextualizing the banking fraud that struck my family during the Global Financial Crisis. Subsequently, I illustrate the damage that residential insecurity inflicts on mental health. Finally, I critically articulate the notion of resilience as a technology of the self.
    Keywords:
  • Neoliberalism
  • Foucault
  • Housing
  • Resilience
  • Autoethnography

1 Introducción

En mi adolescencia, mi padre sufrió un fraude bancario1 que se originó en la gran recesión, o también llamada Crisis Financiera Global (CFG). A raíz de esta crisis, las entidades bancarias arremetieron contra las personas a través del ámbito residencial, concretamente a través de ejecuciones hipotecarias, ocasionando en los perjudicados un empeoramiento en su estado psicológico, con aumento de la prevalencia de depresión y mayor ansiedad (Alhenaidi y Huijts, 2020; Forbes y Krueger, 2019). En consecuencia, este evento desencadenó el desarrollo de una variada rama investigativa, subrayando las repercusiones que impactaron en la población afectada.

Pese a que se ha estudiado ampliamente el daño que ocasionó la CFG en la salud mental (Asper et al., 2022; Guerra et al., 2022; Jiménez-Picón et al., 2020), se ha priorizado la visibilización de los resultados obtenidos por sobre las voces de los afectados. De esta manera, al haber sido un afectado de la CFG en Chile, recurro a mi voz para ahondar en el propósito central de este estudio: develar cómo, desde la gubernamentalidad neoliberal, se instrumentalizó la resiliencia como técnica del yo frente a la inseguridad residencial y su daño en la salud mental.

1.1 Antecedentes

Todo comenzó cuando tenía trece años, era un estudiante común y corriente. Mi padre era un comerciante en Arica, así como un migrante de la zona centro de Chile. Mi madre era una trabajadora independiente, provenía de La Serena, una ciudad ubicada en la zona centro-norte del país. Yo era un joven que lidiaba con los problemas típicos de la adolescencia, o más bien, con una adolescencia privilegiada de hace dieciocho años atrás. De pronto, todo se trizó, el banco del cual era cliente mi padre generó una duplicidad en una deuda que había sido saldada. Actualmente puedo entender que mi padre experimentó un fraude, este término es definido por la Real Academia Española (RAE, 2025) como una «acción contraria a la verdad y a la integridad, que perjudica a aquellos contra quienes se comete». Si soy aún más específico, sufrió un fraude bancario. Pero en ese momento no lo entendí.

Ahora bien, es la primera vez que denuncio y materializo el fraude bancario que irrumpió contra mi derecho a la vivienda. Frente a esto, la escritura se convierte en mi medio para cuestionar los efectos de poder habituales y reflexionar sobre la sociedad (Feliu, 2007). Pese a que inicialmente tenía otros planes de investigación, opté por recurrir a la autoetnografía para indagar y cuestionar una parte crucial de mi vida. Pero entonces, ¿por qué esta decisión? Por una parte, Arthur Bochner y Carolyn Ellis (2022, p. 14) mencionan que «los escritores autoetnográficos tratan de contar historias personales que inviten a otros a pensar y sentir». Por otra parte, Franco Ferrarotti (2007) afirma que es posible leer una sociedad a través de una biografía. Articulando ambas partes, mi narrativa biográfica permite leer contextualizadamente la sociedad de aquel momento y, al mismo tiempo, incentivar a la audiencia a pensar y sentir sobre la vulneración del derecho a la vivienda que, lamentablemente, aún persiste.

En esta oportunidad, enmarco la vulneración del derecho a la vivienda a través de la inseguridad residencial por motivos económicos. Siguiendo a Hugo Vásquez-Vera (2019), abordo este tipo de inseguridad residencial como aquella situación en la cual el afectado cuenta con el riesgo de ser desahuciado de su vivienda habitual.

Para la RAE, la vivienda se define como «lugar cerrado y cubierto construido para ser habitado por personas». En cambio, para los investigadores Pasca et al. (2016), la vivienda es un ambiente sociofísico en el que se integran procesos cognitivos, afectivos y sociales.

Tristemente, hoy en día la vivienda ha sido gestionada como un instrumento para el endeudamiento de la población, y de esta forma sostener el modelo económico dominante (García-Lamarca, 2023). Siguiendo con el estudio precedente, esto ha repercutido en la salud de la población, sobre todo en la salud mental.

Según la Organización Mundial de la Salud, la salud mental es:

Un estado de bienestar en el cual los individuos reconocen sus habilidades, pueden hacer frente a las tensiones normales de la vida, trabajar de manera productiva y fructífera, y contribuir a sus comunidades. (World Health Organization, 2003, p. 7).

En cuanto al último tiempo, ha habido un realce importante sobre la vinculación de la salud mental con la resiliencia (Sun et al., 2023). Según la RAE, este último concepto es la «capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». Pese a que en la actualidad suele considerarse como una capacidad deseable, diversos estudios han argumentado que la resiliencia es utilizada por lógicas de gobiernos neoliberales, incentivando la individualización de los sujetos a fin de que desarrollen capacidades de adaptación y aprendizaje para enfrentar adversidades (Chandler, 2014; De la Fabián y Sepúlveda, 2018).

Frente a lo anteriormente expuesto, así como Tomás Ibáñez (2014) y Francisco Vásquez García (2021) lo sugirieron tiempo atrás, seleccioné la obra de Foucault como caja de herramienta teórica, con la finalidad de dinamitar espejismos que sostienen los sistemas de poder dominantes. Con esto podré: (I) analizar los significados que evoqué con la gubernamentalidad teorizada por Foucault; (II) ilustrar el daño que la inseguridad residencial tiene sobre la salud mental; (III) articular críticamente la noción de resiliencia como técnica del yo, enmarcada en la gubernamentalidad neoliberal actual.

2 Método autoetnográfico

Esta investigación la elaboré desde una metodología cualitativa, la cual busca conocer los fenómenos de manera no cuantificable, otorgando la posibilidad de analizar distintas concepciones subjetivas y complejas gracias a distintos puntos de vista (Punch, 2013). Según Joel Feliu y Adriana Gil-Juárez (2017, p. 41):

La autoetnografía se hace cuando hay una experiencia en primera persona que tiene que ser contada, que es del interés de todos, y cuando al mismo tiempo el autor de ese relato tiene unas herramientas, una capacidad de reflexionar sobre esa experiencia teóricamente, con un punto de vista que da cuenta de lo que allí se construye.

El método empleado para esta investigación es la escritura; igualmente, la seleccioné como mi método de análisis, así como mi medio para la recolección de datos (Richardson y St. Pierre, 2019). En este sentido, pretendo que mi escritura pueda ser un puente, el cual facilite al lector a transportarse a mis distintas experiencias. Para lograrlo, apliqué la técnica desarrollada por Tony Adams (2006). El investigador propone la integración de mostrar y contar. Por una parte, mostrar significa relatar situaciones, incluyendo el componente emocional de la experiencia. Por otra parte, contar quiere decir narrar situaciones con una mayor distancia emocional de la experiencia. Al mismo tiempo, en la investigación precedente, Adams propone integrar teoría e historia, iniciativa que también utilicé en este trabajo.

A partir del siglo XVIII, el mundo occidental excluyó la retórica, la ficción y la subjetividad de la ciencia. De esta forma, la ciencia quedó en el marco de la explicación clara (transparencia), de los hechos en sí y de la objetividad (Clifford y Marcus, 1991). Norman Denzin (1996) explica que esto persistió hasta el siglo XX, época donde la escritura tomó una mayor complejidad gracias a las ciencias sociales y a la escritura literaria. Por un lado, el nuevo periodismo se encargó de modificar lo concebido, puesto que difuminó la dualidad entre ficción y verdad. Por otro lado, el novelista E. I. Doctorow manifestó que no existían la ficción y la no ficción, ya que únicamente contaríamos con narrativas (Fishkin, 1985). Por consiguiente, hoy en día la autoetnografía resulta ser un método viable de investigación científica, ya que permite desvanecer la dicotomía entre lo científico y subjetivo (Adams et al., 2020).

Entre las opciones para mi narrativa, podía seleccionar una narración interpretativa o una interpretación narrativa. La primera prioriza el yo y la historia; en contraste, la segunda enfatiza la comprensión cultural (Keleş, 2022). A fin de cuentas, tuve que dar preferencia a ciertos temas, así como realizar elecciones metodológicas. Para esta ocasión, si bien prioricé una narración interpretativa, igualmente me fui moviendo entre una y otra, según las necesidades de este estudio.

Por una parte, este estudio se enmarca principalmente en una autoetnografía evocativa (Bochner y Ellis, 2016), puesto que utilizo la escritura para introducir significados en movimiento, propiciando al lector a sentir los relatos en primera persona, a partir de mis experiencias vividas. Por otra parte, mi investigación recurre a elementos de una autoetnografía crítica, debido a que: a) la teoría e historia se unen colaborativamente, b) se realiza una praxis material y ética, c) intento propiciar formas para encarnar el cambio (Holman Jones, 2016).

El procedimiento de este estudio depende de nuestro ángulo de posición (Richardson y St. Pierre, 2019), debido a que este texto cambió, creció y fue alterado; asimismo, reflejó y refractó, permitiendo nuevos patrones y arreglos en distintas direcciones a medida que yo cambiaba. Siguiendo a Egon Guba e Yvonna Lincoln (1985/2002), recurro a la epistemología transaccional y subjetiva, debido a que mi posición interactiva como investigador y participante influyó considerablemente a lo largo de mi proceso de elaboración. Adicionalmente, el conocimiento que elaboré es situado y parcializado (Haraway, 1983/2023), puesto que fue producido desde una localización específica.

En relación con mi escritura, recurrí a determinadas estrategias para evocar mis distintos recuerdos emocionales. Ragan Fox (2021) señala distintas estrategias para acceder con mayor facilidad a la memoria afectiva, particularmente en una escritura autoetnográfica. El investigador refiere que escarbó artefactos, utilizó fotografías, desarrolló entrevistas y líneas temporales autobiográficas para distintos trabajos que ha elaborado. Así, utilicé estas mismas estrategias, puesto que construí una línea temporal de vida, entrevisté a mi padre y madre para indagar en lo ocurrido, escarbé en distintos recursos electrónicos que teníamos almacenados de esa época, como mails, fotos, etc. Además, mientras escribía, escuchaba música que relacionaba con mi adolescencia, ayudándome a implicarme de manera regresiva con esta etapa de vida. Todo esto me permitió articular de mejor manera los recuerdos, emociones y sensaciones; por lo tanto, lo fui plasmando diariamente en mi diario de campo a lo largo de nueve meses y, también, lo fui complementando con mis notas de campo.

2.1 Consideraciones éticas

Antes de iniciar esta investigación, conversé con mi madre y padre sobre las implicaciones que esta podía conllevar. En este sentido, ambos aprobaron su realización, brindaron su consentimiento y contribuyeron con la entrega de información. Luego, realicé una devolución de la versión final con ellos, debido a que consideré imprescindible la aprobación de ambos. Asimismo, anonimicé en lo posible a mis padres, puesto que me resulta imprescindible resguardarlos.

3 Contexto

Crecí la mitad de mi vida en una vivienda social, que se ubicaba en la calle Pudahuel. Hace poco investigué esta última palabra y, para mi sorpresa, descubrí que proviene del mapudungún (lengua mapuche), cuyo significado en español es lugar donde se juntan las aguas o lugar de charcos. Pero para mí, Pudahuel es un río en el que he navegado innumerables veces. Este río me ha permitido sumergirme en las alegrías y sufrimientos de la vida. Para otros, Pudahuel es simplemente el nombre de una calle situada en la población Pampa nueva de Arica, una ciudad fronteriza, ubicada en el extremo norte de Chile y al sur de Perú.

Mi casa se construyó en 1990 aproximadamente, en el sector sur de mi ciudad natal. En esa fecha, mi madre había postulado a un subsidio del Estado, consiguiendo el beneficio residencial y adjudicándose nuestra antigua vivienda. A su vez, mi padre estaba iniciando en el ámbito comercial, rubro que logró mantener por muchos años.

En aquella época, mi familia contaba con escaso capital para una exitosa evolución comercial, así que mi madre y padre decidieron hipotecar la casa para obtener más recursos económicos. Como resultado, la ganancia recibida fue distribuida de manera familiar y comercial. Mis padres progresivamente fueron articulando mi hogar, comprando los muebles de la casa. Estos son una pieza importante de mis recuerdos. Lamentablemente, yo no sabía apreciarlo en aquel momento. ¿Cómo iba a saber en mi infancia y adolescencia cuánto iba a extrañar cada mueble de la casa? Creo que era imposible, al fin y al cabo, recién hoy en día me doy cuenta de cómo atesoré esos objetos en mi memoria.

Tuve la fortuna en mi infancia de que mi madre y padre lograron saldar la deuda relacionada con la hipoteca residencial. Al mismo tiempo, ambos incentivaron en mí, desde muy pequeño, la construcción de una dinámica familiar unida, la cual pude internalizar y normalizar mediante la palabra hogar. Sin embargo, todo esto fue quebrantado, producto del fraude bancario que sufrimos en mi adolescencia. Este evento ocasionó un efecto dominó que escaló hasta la pérdida de todo el capital económico adquirido de mi familia, y más.

Cuando tenía trece años, vi a mi papá en un diario local de Arica (Jara, 2006). En la noticia figuraba que nuestro apellido era sinónimo de confianza en la región. ¿Esta reputación tuvo algún impacto? Pues no. En el año 2006, comenzando la CFG, el banco del cual era cliente mi padre generó una duplicidad en una deuda que él había saldado, y nunca fue rectificada. En consecuencia, el banco empezó a desarrollar una serie de represalias contra mi familia. Lucia Cavallero y Verónica Gago (2019) realizaron una investigación sobre las consecuencias de las deudas bancarias en Latinoamérica. En este estudio las investigadoras plantearon que el neoliberalismo ha conseguido gobernar la CFG mediante el endeudamiento público y privado.

En aquel momento, distintos trabajadores del banco señalaron que se solucionaría el problema, pero el tiempo transcurrió y la duplicidad continuó, inclusive aumentó. El banco nos amenazaba mediante llamadas telefónicas, luego con notificaciones judiciales para un embargo. En mi adolescencia sentía cada día como el embargo era inminente, lo veía en el rostro de mi madre y padre. Ante esto, no paraba de preguntarme ¿dónde viviremos?, ¿qué haremos?, o ¿cuándo vendrán a embargarnos?; sin embargo, no se lo pregunté a mis padres, no se lo pregunté a nadie, ya que no quería ser una carga, ni mucho menos molestar a alguien.

El derecho a una vivienda adecuada es manifestado por primera vez en 1948 mediante la Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU, 2009). Pese a esto, según el estudio precedente, se destaca que aún existe un número significativo de personas invisibilizadas y desprotegidas, ya sea por condiciones de peligrosidad, hacinamiento, amenazas de desalojamiento o un desalojo forzado de su hogar, entre otras. Se ha calculado que aproximadamente más de dos millones de personas son desalojadas anualmente de sus hogares (UN-Habitat, 2020).

Hace dieciocho años, yo estaba teniendo un día de clases normal, mi madre estaba en casa y, mientras se bañaba, oyó unos ruidos en el hogar. La policía y un receptor judicial habían irrumpido en mi casa, descerrajaron la puerta e ingresaron para seleccionar los objetos que serían parte del remate. El neoliberalismo había comenzado a despojar nuestras vidas. Este subvirtió nuestro derecho a la vivienda, lo cual se materializó mediante el banco perpetrador, quien fue apoyado en todo momento por el Estado. Frente a toda la incertidumbre que vivía, empezó a rondar en mi cabeza la ideación suicida.

3.1 Pieza I – infancia (gubernamentalidad)

Nos habíamos mudado al inmueble de Pudahuel cuando era un bebé. Este espacio físico albergó, a lo largo de los años, significados y emociones cruciales en la construcción de mi subjetividad, incluso mis primeros pasos en la vida. Shelley Mallett (2004) ha investigado respecto al hogar y la propia identidad. La investigadora recurrió a distintos estudios para argumentar la asociación entre identidad y vivienda; de esta forma, Mallet logró concluir que el hogar puede ser una manifestación de la propia identidad, posiblemente fluida.

En Chile, hace ya mucho tiempo, se difundió la frase el sueño de la casa propia. Este eslogan invita a materializar el anhelo de la adquisición de una vivienda. Michel Foucault (2014/2020), en su clase del 21 de enero de 1981, explicó cómo los sueños han sido instrumentalizados históricamente para conducir la vida de las personas. Carolina Quinteros y Rodrigo Cortés (2022) han subrayado cómo este eslogan ha transformado a los beneficiarios de subsidios residenciales en objetos de la política, configurándolos como un individuo subjetivado. Este último término se relaciona con la constitución de un sujeto, un sujeto que se encuentra atado a redes de obediencia, un sujeto enlazado con la verdad que se le impone (Foucault, 2004/2008).

Mi hogar era una casa pareada, bastante sencilla. La puerta de entrada era un portón amarillo con rayas negras. Me llamaba la atención el piso rojo del patio, el cual mi madre generalmente enceraba con cera roja para mantener la calidez que proyectaba.

La puerta de entrada de mi casa no era hermosa ni fea, pero era la que permitía a mis amados padres llegar. Para mí esa puerta estaba cargada de magia, ya que los hacía aparecer en mi vida. Los muebles, que mi madre ocasionalmente movía para intentar dar nuevos aires, eran de escaso valor comercial; la mesa del comedor era de vidrio con seis sillas y había un televisor que generalmente se encontraba encendido. A la derecha, antes de llegar a la cocina, había una pared que me escuchó muchas veces practicar para una disertación o exposición. A la izquierda estaban los feos sillones en los cuales yo me recosté innumerables veces mientras veía televisión, cuando jugaba con la consola solo o con mis amigos, cuando estaba enfermo y en los que tanto salté imaginando que el piso era lava.

En el patio teníamos un lavadero que mi padre convirtió en una bodega, luego en un lugar más de su trabajo. Ulrich Bröckling (2016) explica cómo el individuo bajo el régimen neoliberal se ve a sí mismo como una máquina empresarial y desarrolla sus comportamientos en base a esto. En concreto, para mi padre nuestra casa era una extensión más de su trabajo.

Según Santiago Castro-Gómez (2016), las tecnologías, desde una perspectiva foucaultiana, cumplen un papel relevante en la gubernamentalidad, ya que estas tienen como objetivo conducir las conductas de la población, permitiendo que los individuos se subjetiven y, de esta manera, produzcan modos de existencia. A su vez, para Ester Jordana (2021), la función de la gubernamentalidad es operar sobre la vida misma, como la manera de comportarnos y relacionarnos, o los modos de conducirnos y constituirnos como sujetos.

De acuerdo con lo anterior, se ha argumentado que la vivienda es una «tecnología que hace vivir o deja morir» (Willse, 2015, p. 23). En otras palabras, Willse afirma que la vivienda es una tecnología más de la gubernamentalidad neoliberal. En su obra, se plantea que se han priorizado intervenciones dirigidas únicamente a las personas catalogadas con exclusión social, repercutiendo en la implementación de políticas públicas restrictivas que perpetúan el sistema dominante. Es decir, se ha evitado una transformación social real, ya que se ha intervenido de manera individualista y estigmatizante.

3.2 Pieza II – adolescencia (salud mental y técnica del yo)

Tenía trece años cuando comenzó el fraude bancario. La despedida de mi amado hogar era inminente, junto con el embargo de los muebles. La vivienda que con mi familia habíamos articulado pronto sería vendida; si no, no íbamos a subsistir, ni mucho menos empezar nuevamente. El estudio de Belén Sanz Barbero et al. (2020) profundizó en el fraude bancario, en concreto, las autoras constataron el impacto negativo en la salud de las personas afectadas por un fraude bancario. Asimismo, los resultados concluyeron que uno de cada diez personas sufrió algún fraude bancario entre el 2006 y el 2017.

Foucault (1988/2008) conceptualizó la noción de tecnología del yo, ilustrándola a través del paganismo y el cristianismo. En el estudio realizado, el investigador señaló cómo esta técnica del yo tiene como meta la subjetivación de la verdad en el individuo. En esta línea, Melissa García-Lamarca (2023) argumentó cómo, a través de las tecnologías del yo, los individuos que se encuentran endeudados requieren pagar su deuda a toda costa, así como una verdad impuesta. Esto último pude constatarlo en carne propia, sobre todo cuando veía a mi padre presionado por cumplir a tiempo el pago de alguna deuda bancaria.

Recuerdo un día en mi adolescencia en el cual nos encontrábamos con mi madre y padre cenando en el living-comedor, estábamos hablando sobre los planes que teníamos para sobrevivir frente al fraude bancario que sufríamos. De repente, mi mamá comenzó a expresar su dolor ante lo que acontecía, me miró y se disculpó. Ella mencionó que el peor error cometido, fue haberle dedicado tanto tiempo al negocio, olvidando, en aquel tiempo, lo efímero que son los momentos. Mi mamá me pidió que me levante de la mesa, asimismo, me solicitó que me acerque al dintel que había para ingresar a la cocina. Me encontraba dudoso respecto a lo que ocurría; no obstante, me acerqué al lugar que me indicaba. Mi madre me solicitó si me podía apoyar en la pared de aquel dintel y, al mismo tiempo, me mostró un lápiz grafito. Me apoyé en la pared, ella se acercó y, con mucho dolor, comenzó a rayar mi estatura en aquel instante; a su vez, comentó su deseo por recuperar todo ese tiempo perdido. No pude más, me puse a llorar.

En ese periodo, intenté esconder todo el dolor con el que tenía que lidiar. Luchaba siempre por mantenerme firme, pero luego de las disculpas de mi mamá, al fin sentí un apoyo. La firmeza de la pared, el lápiz que transitaba por mi cabeza, la marca que dejaba mi estatura, la mirada de mi madre, es decir, una compañía que al fin me sostenía.

Inadvertidamente, las veces que oculté mi dolor, mecanismos disciplinarios estaban regulando mi cuerpo. Foucault (2004/2008) señaló que desde el poder disciplinario se nos indica lo que debemos, o no debemos, hacer. Contener las lágrimas fue una expresión de mi postergación corporal al cumplir con las exigencias de aquel momento, tenía que seguir rindiendo a nivel escolar. García-Lamarca (2023) explicó que el cuerpo sometido y dócil se convierte en una pieza clave en el sostenimiento del capital, puesto que se debe seguir estudiando, trabajando o pagando deudas.

El tiempo avanzó, el embargo de los muebles finalmente ocurrió. Un día llegué del colegio a la casa. Los muebles habían sido rematados. Únicamente nos dejaron las dos camas, el refrigerador y la cocina. Además, ese mismo día mi padre y mi madre trajeron unos muebles provisionales a la casa, en concreto, una mesa y tres sillas, para que tuviéramos donde comer. Unos días después, mi mamá y mi papá, sin contarme nada, compraron algunos artículos en la subasta para aminorar el dolor. Cuando llegué del colegio, observé la acción de mis padres y fingí alegría, no quería mostrar todo el sufrimiento que me invadía. No obstante, inesperadamente, las emociones escaparon de mi control, las lágrimas caían y se desbordaban en mi rostro. Mi madre y padre notaron el dolor que sentí, me abrazaron. Las lágrimas se transformaron en un grito desgarrador. Una parte de mi ser se había quebrantado, aun así, sentí como una parte de mí pudo seguir sosteniéndose gracias al amor entregado por un abrazo.

En mi adolescencia cada vez más sentía que me desvanecía. En uno de esos días me aseguré de estar solo en la casa, la tristeza me invadió y se apoderó de mí. Busqué una tijera, subí al segundo piso, miré mi brazo, solamente quería sentir el filo helado de la tijera, quería comparar dolor e inseguridad. Mientras sentía pasar suavemente el filo de la tijera en mi brazo, solo bastó un segundo para que un pensamiento irrumpiera en mí, abruptamente, comencé a preguntarme ¿qué estaba haciendo? Fernando Baeza et al. (2022) corroboraron un aumento relevante de suicidios en Chile, atribuible a la CFG.

La entidad financiera hipotecó primeramente nuestros muebles, luego continuaba amenazándonos con hipotecar nuestra vivienda. En consecuencia, mi madre y padre buscaron nuevos mecanismos para afrontar la inseguridad residencial. De esta manera, encontraron una alternativa, el divorcio con separación de bienes. Esta acción permitió enlazar la vivienda únicamente con mi madre. Pese a que la separación efectuada por parte de mi madre y padre era únicamente para salvaguardar la vivienda, inevitablemente se desencadenaron otros efectos.

Torill Moen (2006) propone que la vida puede considerarse como una narración de muchas historias. Lamentablemente, en mi adolescencia prioricé la historia suministrada por el banco, es decir, postergué la historia de mi papá. De alguna manera, siguiendo a Nikolas Rose (2022), la cultura empresarial en la que estuve inserto mucho tiempo había impactado profundamente en mí. Sin darme cuenta, me encontraba subjetivado y responsabilizando de manera individual a mi padre de todo lo que estábamos viviendo.

Luego de la separación de mi mamá y papá, teníamos que vender la vivienda para seguir subsistiendo. Por lo tanto, comenzamos a exhibir nuestra casa a distintas personas que estaban interesadas en su compra, hasta que conseguimos un comprador para la casa. Finalmente, llegó nuestro último día en el hogar. Mis padres se encargaron de transportar en un camión de mudanza los pocos muebles que quedaron hacia el nuevo espacio donde viviríamos. Luego, me entregaron las llaves de la casa, me indicaron que debía ser yo quien cerrara por última vez. Se despidieron de la casa brevemente, intentando evitar ahondar en todo lo que dejaban atrás.

Tuve tiempo para despedirme de cada habitación. Asimismo, tomé distintas fotos antes de marcharme, quería plasmar el dolor que me invadía. Luego, realicé un último recorrido a mi amado hogar, era la hora de la despedida final. Toqué las paredes de cada habitación para intentar recordarlas. Finalmente, dejé las llaves en un pequeño espacio de la ventana (alféizar) para los próximos dueños, mientras mis lágrimas caían sin control, me acerqué a la puerta principal y me marché.

Foucault (1988/2008) explicó cómo, mediante las tecnologías del yo, los individuos pueden operar sobre su cuerpo, sus pensamientos o cualquier aspecto de su ser. En consecuencia, las personas podrían obtener una transformación de sí mismas con la finalidad de lograr cierto beneficio, como la felicidad, la sabiduría o la inmortalidad. Para ejemplificarlo, en mi adolescencia comenzó mi deseo por estudiar psicología, quise convertirme en esa pared de aquel dintel, la cual me sostuvo en tan difíciles momentos. En otras palabras, me había sujetado con la técnica del yo llamada resiliencia.

3.3 Pieza III – adultez (resiliencia, psicología y politización)

A fines del 2011, producto de la gran cantidad de reclamaciones que mi madre y padre habían realizado a nivel nacional e internacional, la institución financiera respondió a las quejas efectuadas. En primer lugar, uno de los mayores accionistas del banco perpetrador se pronunció frente a lo ocurrido vía mail. En ese correo, él ordenaba resolver la problemática denunciada y, en consecuencia, mi padre recibió una llamada de la entidad bancaria. El banco le ofrecía una pequeña cantidad de dinero a mi familia solicitando la firma de un documento que diera cuenta de que mi padre no tenía cargos que formular contra la entidad financiera, así como que no había sufrido perjuicio o menoscabo alguno. En otras palabras, el banco buscó callar la voz de mi familia a través de una escasa indemnización.

Por un lado, el escaso monto económico que habíamos recibido de la venta de la vivienda había comenzado a disminuir drásticamente. Por otro lado, mi madre y padre se encontraban atrapados, ya que tenían que solventar la subsistencia para los años venideros. Con muchas dudas, mi madre y padre le pidieron ayuda a su abogada, quien en aquel momento estaba asombrada y desconcertada. ¿Cómo era posible que dos personas que no tenían estudios universitarios se encontraran negociando con un banco internacional?, ella simplemente aconsejó que recibieran la indemnización, pese a que conllevase un silencio lapidario. Encarnación Sarriá et al. (2019) señalaron que las personas afectadas por fraudes bancarios presentan un peor bienestar psicológico, sin encontrar una asociación entre esto último y el haber recibido una compensación económica.

Mi padre acudió a la hora programada. Había leído previamente el documento en cuestión, no obstante, lo leyó nuevamente para corroborar que no hubiera cambio alguno. Mientras mi papá firmaba los documentos requeridos, sintió la mayor impotencia de toda su vida. Sin embargo, teníamos que ser resilientes.

A pesar de todo, logré titularme como psicólogo hace ocho años. Me especialicé en psicología clínica, por lo que incentivé la resiliencia por mucho tiempo. Sin embargo, había algo que aún no problematizaba, sin darme cuenta, me encontraba sosteniendo la «cultura terapéutica». Vanina Papalini (2013) argumentó que esta cultura funciona como un mecanismo que contribuye a producir sujetos a partir de estrategias del capitalismo mundial, promoviendo capacidades como la resiliencia.

Me había transformado en un homo resiliens (De la Fabián y Sepúlveda, 2018), un sujeto que está inserto en el sistema neoliberal y desarrolla su identidad al exponerse a distintas adversidades, transformando estas experiencias en oportunidades para seguir funcionando. En efecto, había normalizado «vivir peligrosamente» (Foucault, 2004/2009), es decir, me acostumbré a vivir constantemente en una situación de peligro, sin dimensionarlo.

Luego de dieciocho años aproximadamente de lo acontecido, jamás pensé que investigaría sobre la vulneración del derecho a la vivienda que experimenté en mi adolescencia. Un día, mientras desarrollaba el estado del arte de este estudio, decidí cambiar la canción que sonaba en YouTube. Revisé las sugerencias que me ofrecía la plataforma, y en ese preciso momento, así como de manera inesperada, quedé asombrado respecto a lo que veía. La plataforma me estaba sugiriendo un video en que se promovía la resiliencia, pero no era cualquier material, ya que el video era patrocinado por el banco perpetrador. En resumen, el banco que arremetió contra mi familia se encontraba difundiendo y patrocinando entrevistas a profesionales de prestigio, quienes promovían la resiliencia a partir de distintas formas.

Quedé perplejo y conmocionado frente al video. Sentí una rabia inmensa, ¿cómo era posible que el banco perpetrador se encontrase predicando sobre la resiliencia? Silke Schwarz (2018) estudió cómo, desde una postura occidental neoliberal, la psicología dominante ha invisibilizado el contexto sociopolítico en el cual viven los sujetos. La investigadora planteó la relevancia de realizar una comprensión contextualizada de la resiliencia, incentivando a superar el sesgo clásico y neoliberal de esta. En concordancia, Luca Mavelli (2019) investigó la relación existente entre CFG y resiliencia, y mostró cómo se recurrió a la desconexión política y cognitiva que ofrece la resiliencia. De esta manera, la investigación precedente devela cómo se propuso la resiliencia como mecanismo de abordaje frente a la incertidumbre de la situación mundial.

Ante este descubrimiento, comencé a cuestionar mi trayectoria laboral y personal debido a que por mucho tiempo estuve predicando sobre la resiliencia en otros. ¿Cómo no hacerlo si yo era una persona que había sobrevivido gracias a la resiliencia? Estuve transitando gran parte de mi vida de manera cegada, es decir, sin un posicionamiento político y crítico claro. Simultáneamente, me encontraba sosteniendo una verdad perversa, puesto que a través de la resiliencia propiciaba la individualización y responsabilidad a cada consultante; es decir, sostenía el sistema dominante, sin saberlo.

De hecho, me desempeñé laboralmente en focopolíticas (Álvarez-Leguizamón, 2011). Trabajé ejecutando políticas focalizadas hacia personas que fueron categorizadas con vulnerabilidad. En otras palabras, realizaba intervenciones que incentivaban el desarrollo de capacidades e incrementaban el potencial de las comunidades. Conviene subrayar que, desde la gubernamentalidad, se valoran favorablemente estas intervenciones, ya que presuntamente los beneficiarios cuentan con un déficit de su capital social, lo cual debe subsanarse interventivamente. De manera que estuve mucho tiempo convencido de que estaba aportando a la transformación social; no obstante, sin darme cuenta, me encontraba replicando parte del sistema dominante.

Carol Hanisch (1969/2016), desde el feminismo, ya había planteado tiempo atrás una crítica relevante hacia la terapia, particularmente hacia la terapia personal. La investigadora argumentó que los problemas personales son problemas políticos, en concreto, creó la consigna lo personal es político. Su contribución me permite hoy en día materializar esta investigación, así como problematizar mi trayectoria profesional desde un posicionamiento crítico y político.

Pues entonces, ¿sigo siendo un homo resiliens? Pues no tengo una certeza al respecto. Lo que sí tengo bastante claro es que actualmente pretendo contribuir en intervenciones e investigaciones desde posicionamientos críticos y políticos. Es decir, me gustaría implicarme con el concepto de homo politicus (Brown, 2015). La investigadora explica que este sujeto pretende propiciar la soberanía popular y, simultáneamente, su propia soberanía individual.

4 Conclusiones

En esta autoetnografía, la escritura me permitió volver a sumergirme en distintas experiencias que marcaron mi trayectoria personal y profesional. Las raíces de este estudio provienen del fraude bancario que sufrimos con mi familia durante la CFG, lo que fue respaldado por el sistema neoliberal en que crecí. A partir de ello, pude cumplir con el objetivo de (I) analizar los significados evocados desde la gubernamentalidad foucaultiana, mostrando cómo la cotidianidad está atravesada por tecnologías que gestionan nuestras formas de pensar y actuar, tal como se evidencia en el deseo de adquirir una vivienda.

Cuando era adolescente, internalicé la resiliencia como mecanismo de supervivencia. Hoy en día, al transitar nuevamente en aquel momento, la escritura me permitió (II) ilustrar el daño que la inseguridad residencial tiene sobre la salud mental, expresándose en intentos de autolesiones e ideación suicida. De este modo, esta investigación incentiva a pensar y sentir sobre la vulneración del derecho a la vivienda.

Hoy en día, al escribir sobre mi vida personal, concienticé que lo personal es político y pude integrar una mirada crítica sobre mi trayectoria como psicólogo clínico. Durante años promoví la resiliencia como objetivo terapéutico sin cuestionar que, al centrarse en la individualización de los problemas, esta noción invisibiliza las desigualdades estructurales y contribuye a sostener el statu quo. En este sentido, el enfoque autoetnográfico de este estudio hizo posible (III) articular críticamente la noción de resiliencia como técnica del yo, enmarcándola en la gubernamentalidad neoliberal actual.

Tras profundizar sobre los efectos de la CFG, pude concientizar la relevancia de las relaciones transnacionales y de cómo estas pueden incidir de manera estructural en cada país, lo que hace necesario ahondar críticamente en los mecanismos de intervención que se propician en la actualidad. Este manuscrito aporta al debate sobre cómo la resiliencia puede estar promoviendo enunciaciones que trasladan la responsabilidad de daños estructurales hacia los sujetos.

Este estudio permitió visibilizar cómo algunas voces provenientes del Sur Global, y expresadas en mi familia, son silenciadas mediante indemnizaciones que operan como mecanismos para cerrar los conflictos. Al integrar en mi trayectoria de vida que lo personal es político, subvertí el silenciamiento en una voz de denuncia a fin de plantear la transferibilidad de este estudio, cuestionando cuántas historias similares del Sur Global han sido silenciadas. A su vez, el método autoetnográfico materializó mi voz como investigador-participante.

Durante la escritura comprendí que la autoetnografía requiere un compromiso ético-político basado en el cuidado personal y en el cuidado de quienes forman parte de la historia. Esta metodología produce conocimiento, puede reescribir la historia y permite transformar a quien investiga, desencadenando efectos y responsabilidades relacionales.

Finalmente, a modo de discusión, cabe preguntarse: ¿La resiliencia puede estar ocultando, o silenciando, más voces del Sur Global perjudicadas por la CFG?, ¿u otros conflictos? García-Lamarca (2023) argumentó que los datos actuales son preocupantes respecto a las ejecuciones hipotecarias, lo cual constituye un riesgo para nuevas vulneraciones que irrumpan con el derecho a la vivienda. Por tanto, anhelo que mi experiencia, materializada en este artículo, incentive a más personas para investigar/intervenir desde posicionamientos críticos y políticos.

5 Agradecimientos

A mi padre y a mi madre, por hacerme parte de su historia.

A Constanza Salas Sepúlveda, por acompañarme en este proceso.

Al Dr. Joel Feliu i Samuel-Lajeunesse, por su supervisión académica.

6 Financiamiento

Becas Chile, ANID –⁠ N.° 72230360 y Beca Joan Oró, AGAUR ⁠– FI 101081

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