Reseña de Fernández García (2025) (ed.). Teoría y práctica de la investigación etnográfica

  • Virtudes Téllez Delgado
Portada libro

Fernández García, Sandra (ed.) (2005)
Teoría y práctica de la investigación etnográfica. Una propuesta metodológica. Trotta.
ISBN: 978-84-1364-319-9

Es un clásico en Antropología Social mencionar que no existen recetas para la realización de una etnografía puesto que, en tanto que método experiencial, las decisiones y actuaciones en el proceso de investigación son particulares para cada una de las experiencias y no replicables en su totalidad, en tanto que circunstanciales. Sin embargo, este trabajo editado por Sandra Fernández García, surge de su experiencia docente como codirectora y profesora del curso de postgrado y desarrollo profesional «Investigación cualitativa: trabajo de campo y etnografía» y de la identificación de todas las autorías del libro de las necesidades del alumnado que desea profundizar en su formación e investigación antropológica, que si no busca un recetario metodológico, sí necesita una guía y/u orientaciones epistémico-metodológicas para conocer los fundamentos de los procesos de producción de conocimiento en Antropología Social.

Esto explica todos los puntos fuertes de este libro, que viene a complementar las contadas publicaciones sobre el método etnográfico en el contexto español. En primer lugar, el método es presentado como un proceso que no se inicia en el campo, sino en una fase previa (teórica y práctica) de construcción de ese campo, donde no solo la teoría contribuye a esa construcción, sino también la conciencia y posición epistemológica y, en este presente, también ontológica. En segundo lugar, su enfoque analítico (que reconoce las virtudes del enfoque descriptivo pero busca superarlo) incide y refuerza la relevancia del carácter de construcción del objeto de estudio, así como la vigilancia epistemológica a implementar como consecuencia de la contextualización dialógica de toda investigación etnográfica. En tercer lugar, la organización de los capítulos tiene la capacidad de mostrar el sentido de la iteración en la investigación, como relación de ida y vuelta entre la teoría y la práctica, donde la teoría es comprendida como praxis y la práctica es teorizada. A esto ayuda, en cuarto lugar, que la obra es escrita por distintas autorías que, desde sus capítulos, reflejan todas estas particularidades de la etnografía; autorías que no solo comparten con ella la docencia del curso mencionado más arriba, sino ser referencias sobre el estudio y aplicación del enfoque analítico etnográfico en el contexto español.

A estas cuatro virtudes del libro se añaden otras dos más: el peso de la reflexión epistemológica presente en todos los capítulos (destacando claramente en los primeros) para evidenciar la inseparable relación entre epistemología y método, junto con la añadidura ontológica; y la reflexión final sobre las implicaciones representacionales, sociales y políticas de la escritura etnográfica, como complemento avanzado a lo dicho previamente en los «manuales de etnografía» de nuestro contexto español y de lo que escasamente se trata en las formaciones de Grado en Antropología Social y Cultural en este contexto.

Por todo esto, este es un libro para iniciados/as. Si previamente contábamos con trabajos en español de antropólogos que nos habían permitido iniciarnos en el fascinante método etnográfico (Guber, 1991 y 2011; Velasco y Díaz de Rada, 1997; Ferrándiz, 2020 [2011]; Díaz de Rada, 2011), este libro nos permite profundizar en él y en la fascinación por él; para evitar reproducir sin comprender. De todo ello se encargan tanto la editora como el resto de autorías que participan en la obra. Lo hacen en un avance por capas, niveles y/o escalas que, a modo de disección, nos llevan desde la abstracción teórico-epistemológica hasta el nudo técnico-metodológico de la propia investigación, continuando, para finalizar, con la reflexión sobre las particularidades del análisis y las implicaciones y compromisos que suponen la representación a la que lleva la escritura de/sobre alteridades, llamando también a la inclusión de otras voces y otras narrativas.

En la introducción de este libro, Sandra Fernández, establece las tres máximas que van a observarse en los tres bloques en los que se divide el texto: adecuación de los objetivos de investigación a los fundamentos epistemológicos de la Antropología en sus procesos de producción de conocimiento; comprensión de la investigación etnográfica como un proceso inserto en un contexto relacional de producción (inserto en el entorno en que se produce); y exposición de modos de generar dispositivos metodológicos en la labor investigadora (sin desdeñar las implicaciones políticas y éticas de esta).

En el primer bloque titulado «Comenzar un proceso de investigación desde el principio», encontramos tres capítulos. En el primero, escrito por Sandra Fernández, la autora, presenta las orientaciones epistemológicas de la disciplina antropológica, en su contexto histórico. Inicia su disertación haciendo referencia a los dualismos, tensiones y nudos en las primeras orientaciones epistemológicas, esto es, la particularidad antropológica de sustentarse en dos pilares (el etnos y el antropos) que, en sus formas de interacción han fijado las tensiones dualistas propias de la filosofía moderna europea en la que se desarrolla la disciplina: a) la relación entre la diferencia cultural y la humanidad compartida como reflejo de la separación ontológica entre la naturaleza única como sustancia común y la cultura como elemento diferenciador, base de la pluralidad y diversidad; b) la oposición entre razonamiento y emoción; c) la tensión entre individuo y sociedad como consecuencia del empirismo que considera que hay un acceso directo a lo real sin teorizar las formas de reflejar esa realidad; y d) la tensión entre agencia y estructura. Tensiones a las que responderán los planteamientos antirrealistas sosteniendo que, quien investiga, no puede desligarse de la realidad que investiga y que su conocimiento de lo estudiado no es indeterminado, sino influido por la realidad investigada. El interés de Sandra Fernández de deshacer algunos de estos nudos la llevarán a presentar el marco teórico y epistemológico constructivista y el conocimiento reflexivo con sus visiones teóricas que problematizan la vida social. Así, llegará a la exposición de la antropología posmoderna, alejada de las visiones universalistas, para desarrollar la fundamentación teórica de cada campo, con una actitud reflexiva y consciente de la historicidad y situación del proceso de producción del conocimiento antropológico dialógico y polifónico en cada texto, mostrando que no hay una única realidad, sino múltiples realidades, no hay una sola ontología, sino muchas. Esta crítica que surge con las teorías posmodernas se complementa por la autora con las críticas epistemológicas feministas, que añaden la crítica a la neutralidad de la posición etnográfica y el problema del androcentrismo en la disciplina, destacando en este devenir el concepto de conocimiento situado de Donna Haraway (1988), con el que se sostiene que solo la perspectiva parcial consigue una visión objetiva. Junto a estas críticas epistemológicas, para finalizar su capítulo, Sandra Fernández, abre el camino hacia el presente y futuro de las reflexiones teórico-epistémicas de la disciplina, presentando: a) el salto de la epistemología a la ontología y las características del llamado «giro ontológico» por el que se plantea la existencia de distintas realidades y no solo distintas visiones de la realidad; que evidencia la llamada epistemología de la ignorancia occidental, enunciada por Tuana (2006), por la que construimos formas de conocer alteridades en un sentido, desechando otras formas de pensar sobre esas mismas alteridades (humanas o no humanas), con lo que el mismo movimiento que produce conocimiento también produce ignorancia; y b) el poshumanismo que cuestiona el excepcionalismo humano o antropocentrismo.

En el segundo capítulo, Adela Franzé continúa con las reflexiones epistemológicas del primer capítulo, mediada por la exposición de los sesgos del objetivismo y el subjetivismo. En su exposición, la autora retoma, de un modo más general, algunas de las ideas previamente presentadas por Sandra Fernández. En este caso, este capítulo destaca por el énfasis en la necesaria vigilancia epistemológica en los procesos de producción de conocimiento científico, frente al sentido común y desde un punto de vista constructivista. Son de gran utilidad los ejemplos presentados para superar las prenociones y sentido común en una investigación, recordando que «no pueden confundirse los problemas tal como se formulan en un espacio social específico, con el problema sociológico cuya construcción y reelaboración están en manos del investigador» (p.57), introduciéndonos así en la interacción dialógica entre los planos emic y etic que artificiosamente permiten conformar la polifonía y poliedra de los textos etnográficos. También son destacables las advertencias para evitar errores en el ejercicio de la vigilancia epistemológica (relacional, contextual y dialógica). Con todo ello, Adela Franzé alcanza plenamente las intenciones de su capítulo en el que procura mostrar el conjunto de problemas que han dificultado la vigilancia epistemológica como consecuencia de la falta de atención a la historicidad de los fenómenos sociales, que ha ocultado la complejidad y contextualización de los procesos y ha olvidado el papel activo de los sujetos y los fundamentos sociorelacionales de sus experiencias.

En el tercer capítulo, su autor, Álvaro Pazos, entra en materia en los primeros pasos del diseño de una investigación. Presenta las particularidades de los dos procesos que caracterizan la investigación etnográfica, y con los que se construye el objeto de estudio, esto es, la problematización y la operacionalización. Este capítulo es de gran utilidad para quienes se dirige el libro, puesto que la experiencia docente en el método etnográfico muestra una y otra vez las dificultades de diferenciar y materializar estos dos procesos, así como los aspectos que los conforman (Moreno Robles y Téllez Delgado, 2026). La problematización permitirá articular las problemáticas en un objeto de investigación, los objetivos generales e hipótesis; y la operacionalización delimitará los universos de estudio, objetivos específicos de la investigación empírica, así como el dispositivo metodológico. Esta exposición diferenciada es realizada desde la perspectiva constructivista en ciencia social, opuesta al enfoque empirista. Desde esta perspectiva, Álvaro Pazos presenta el papel central de los conceptos: teóricos o generales para la enunciación de problemáticas, objetivos generales e hipótesis o supuestos hipotéticos y operacionales para construir el campo específico de estudio. Así, sostiene y refuerza la idea de que solo hay investigación en tanto que hay problemáticas de investigación, trabajadas en referencia a asuntos, temas o problemas del mundo social, pero mediante la producción de conceptos a partir de dichos asuntos, temas o problemas. En este proceder, evoca (sin mencionar) la relación entre mesa y campo a la que aludían años atrás Velasco y Díaz de Rada (1997), añadiendo en la exposición de ambos procesos el carácter iterativo que los caracteriza, y asumiendo la vigilancia epistemológica que supone la identificación y uso de estos conceptos (tal y como nos advertía Adela Franzé en el capítulo anterior). Conocedor de la dificultad de operar de este modo entre quienes se enfrentan en serio a una investigación etnográfica, presenta ejemplos de problemáticas que sirvan de orientación para su enunciación. Con todo ello busca ejemplificar (en palabras del autor) cómo «la investigación en ciencia responde al planteamiento reflexivo de un problema de conocimiento […] (mediante) articulaciones conceptuales que en cada caso construye quien investiga, manejándose con los conceptos teóricos y las relaciones entre tales conceptos, que en las ciencias se proponen y con los que las ciencias van constituyendo las cuestiones que las definen como tales» (p. 76) sin dejar de hacer un ejercicio de ruptura epistemológica que nos permita reflexionar sobre la historia y condiciones sociales de construcción y uso de los conceptos utilizados, qué instancia social y desde cuándo habla en estos términos, en relación con qué otros términos y con qué efectos en cada caso. Así, Álvaro Pazos, busca ayudar a superar los artificialismos o esencialismos que pueden observarse en algunos proyectos etnográficos, lo que intenta también, presentando en la fase de operacionalización las formas de identificar y enunciar el dispositivo metodológico (propuesta de investigación empírica) y estrategias de investigación para un campo específico.

Con esto llegamos al segundo bloque del libro con título «Desarrollar la investigación», en el que, en el primer capítulo (el cuarto de la obra), su autor, también Álvaro Pazos, nos sumerge en el intríngulis del trabajo de campo etnográfico y la producción de materiales empíricos en el terreno. Comienza presentando los rasgos fundamentales del trabajo de campo etnográfico: implicación, contingencia, iteración, carácter multidimensional y multiescalaridad; y prosigue explicando las particularidades de la etnografía analítica con las técnicas de observación y conversación, como primordiales en el ejercicio etnográfico. Destaca en estos últimos apartados del capítulo la exposición de la necesidad de realizar diseños de observación con un plan general de observación, su registro a través de las notas y diarios de campo, las características que han de tener estos soportes y las formas de ejercitarse en la descripción etnográfica. En cuanto a la producción de materiales discursivos, indica los requisitos de las guías de conversación y expone las particularidades de la entrevista etnográfica, diferenciando entre las entrevistas en profundidad y las entrevistas comprensivas (motivadas por el conocimiento de las experiencias subjetivas de las personas del campo). Así, por medio de ejemplos ilustrativos, queda presentada la etnografía analítica y su carácter productivo de las técnicas de investigación.

El segundo capítulo de este bloque, o quinto del libro, es escrito por Ángel Díaz de Rada. Con él llegamos al análisis y las particularidades de la postura analítica en una etnografía. En él encontramos una reflexión sobre la moral analítica y una crítica a los usos errados de la «unidad de análisis» por los que se cometen tres confusiones epistémicas: 1) llegar a creer que el objeto de nuestro análisis son los agentes que constituyen la población demarcada; 2) entender el campo como lugar ya demarcado; y 3) anticiparla e impedir la objetualización que todo análisis ha de conllevar. Además, presenta dos reglas coordinadas y simultáneas de la perspectiva analítica (que ya podían intuirse en el tercer capítulo del libro): 1) conceptualizar el material empírico manteniendo una relativa coherencia lógica; 2) operar en nuestro análisis con una relativa validez empírica: lo que consta en ese registro debe ser tenido en cuenta para modificar hasta donde sea necesario los conceptos que manteníamos antes de cada momento del análisis, así como las relaciones entre esos conceptos y otros que emergerán durante su elaboración. Con esta máxima doble aclaratoria, Díaz de Rada complementa las ideas propuestas en una de sus publicaciones anteriores (2011) sobre la diferenciación entre el dato y el material empírico, con la relación inseparable entre la práctica y la teoría y la presentación del término intra-acciones (enunciado por Barad (2007) como la mutua constitución de agencias enredadas, donde las agencias distintas no preceden, sino que emergen a través de su intra-acción), donde no solo participan los seres humanos, sino que también hay entidades no humanas que participan en esos enredos, mostrando que «lo social» y «lo cultural» no es solamente humano (conectando esta última idea con el poshumanismo presentado en el primer capítulo del libro por Sandra Fernández).

Finalmente, luego de esta evidencia iterativa de la etnografía, mostrada por las necesarias relaciones entre las ideas de unas y otros autores, el libro termina con el tercer bloque titulado «La escritura etnográfica», en el que, en su único capítulo, Isabel González presenta sus reflexiones sobre la relación entre la escritura y el método, recordando que no solo escribimos, sino que con las palabras inscribimos y construimos representaciones de las realidades sociales. En sus páginas expone el carácter histórico de la escritura, que permite observar la relación entre esta, la epistemología y la aplicación del método en función de los enfoques epistemológicos adoptados, las técnicas estilísticas, los destinatarios de la escritura y las relaciones de quien investiga con su objeto de estudio. Esto le lleva a presentar y enmarcar la llamada crisis de representación, propia de la tradición académica anglosajona (concretamente la estadounidense, matiza la autora), por la que se asume que no hay observaciones ni transcripciones «inocentes», y el carácter convencional e histórico de los criterios científicos. Lejos de quedarse en esta crisis, occidentalmente contextualizada, Isabel Gómez, se posiciona políticamente, a través de la presentación del «giro afectivo» y el reconocimiento de las otras voces «que contrarresten la imagen única que emana de Occidente, para evitar las definiciones y regulaciones de los discursos y prácticas antropológicamente posibles, los términos de los desacuerdos y las fronteras del “conocimiento experto» propio de la disciplina” (p. 202). Así, llama a la apertura a otros ejercicios de escritura y de representación, no necesariamente nuevos, pero sí frecuentemente desconocidos para «explorar otras formas de resonar, de ponernos mutuamente en movimiento, de conmovernos y afectarnos» (p. 207).

Esta reseña no puede entrar en todos los detalles del libro. Sin embargo, su presentación muestra el grado de profundidad reflexiva que se alcanza en él. A diferencia de trabajos previos que buscaban dar las pautas iniciales de investigación, de un modo muy concreto y con mayor peso exclusivo de lo metodológico, en este libro se articula la relación iterativa entre método, epistemología y ontología, lo que lo lleva a destacar entre los demás libros sobre método etnográfico en el contexto español, consiguiendo dar el salto del saber hacer al saber hacer comprendiendo. Quien lo quiera comprobar, que lo lea. Quien quiera comprender en el hacer, que lo lea y relea.

1 Referencias

Barad, K. (2007). Meeting the Universe Halfway. Quantum Physics and the Entanglement of Matter and Meaning. Duke University Press.
Díaz de Rada, Á. (2011). El taller del etnógrafo. Materiales y herramientas de investigación en etnografía. UNED
Ferrándiz, P. (2020 [2011]). Etnografías contemporáneas: Anclajes, métodos y claves para el futuro. Anthropos.
Guber, R. (2011). La etnografía: Método, campo y reflexividad. Siglo XXI.
Guber, R. (2004 [1991]). El salvaje metropolitano. Reconstrucción del conocimiento social en el trabajo de campo. Paidós.
Haraway, D. (1988). Situated Knowledges: The Sciencie Question in Feminism and the Privilege of Partial Perspective. Feminist Studies, 14(3): 575–599. https://doi.org/10.2307/3178066
Moreno Robles, R. y Téllez Delgado, V. (2026). La enseñanza-aprendizaje de la etnografía analítica: un ejercicio de aula invertida, activo, escalonado y colaborativo. En J.J. Trujillo Vargas, S. Kaknani Uttumchandeni, M. Barrientos-Báez, C. L. Hernández Stender y C. López Fernández (coords.). Prácticas y experiencias formativas actualizadas (pp. 277-288). Arco Libros.
Tuana, N. (2006). The Speculum of Ignorance The Women’s Health Movement and Epistemologies of ignorance. Hypatia, 21(3): 1–19. http://www.jstor.org/stable/3810948
Velasco, H. y Díaz de Rada, Á. (1997). La lógica de la investigación etnográfica. Un modelo de trabajo para etnógrafos de escuela. Trotta.