Reseña de da Empoli (2025). La hora de los depredadores

  • Alejandro Moreno Hernández
Portada libro

da Empoli, Juliano (2025)
La hora de los depredadores. Seix Barral.
ISBN: 978- 843-224-893-1

El libro de Giuliano da Empoli no se trata de un libro académico o teórico, sino de las reflexiones de un personaje que ha estado cerca de los círculos más importantes del poder. Da Empoli no nos brinda una hipótesis hacia el futuro o hace un recuento del pasado. Más bien, describe nuestra era. Intenta explicarnos el presente y quiénes son los personajes que toman las decisiones que moldean nuestras vidas. El estilo narrativo del autor combina anécdotas personales con algunos axiomas que él identifica como principios políticos, además se apoya en algunas ocasiones en referencias históricas. De este modo, más que capítulos con una secuencia lógica, el autor trata diversos temas y preocupaciones con base en lo vivido durante su paso en asesorías hacia diversos políticos e instituciones.

En un primer momento, el autor comenta que la política atrae a los caracteres más violentos, a quienes no le encuentran sentido a la vida si no es en la lucha o en el conflicto. Todavía más, da Empoli afirma que la política no es esa lucha maquiavélica hobbesiana que nos imaginamos, sino que se asemeja más a una comedia de situaciones contingentes y azarosas, donde el político únicamente busca salir del paso (pp. 24–25). Caracteriza a la política como un sufrimiento permanente, no solo en la caída (p. 37).

En nuestro tiempo, el político sufre una sucesión de impulsos exteriores, donde este apenas tiene tiempo de reaccionar (p. 40). Por ejemplo, ahora cualquier individuo puede atacar a una nación de diversas maneras; una podría ser un ciberataque. Este último podría hasta paralizar una nación (p. 61). Si esto es así, ¿sería posible pensar en la difuminación de las naciones? (p. 63). Esta pregunta es sugerida no solo por la vulnerabilidad que tienen los países ante los ataques de cualquier individuo, sino también por su creciente debilitamiento frente a otros poderes, en concreto el poder tecnológico.

El autor italiano menciona que Donald Trump está rodeado de «un séquito de autócratas desacomplejados, de conquistadores de la tecnología, reaccionarios y conspiradores» (p. 63). Trump parece obedecer más a este grupo que a sus propios electores. Además, da Empoli nos dice que las acciones imprudentes de Trump tienen un objetivo primario: mostrar quién tiene el poder, casi como una ostentación. Así, esas acciones irreflexivas carentes de algún sentido son realizadas precisamente para que la gente recuerde quién está al mando y producir un efecto de estupefacción en la sociedad. Si todo transcurriera con la normalidad liberal-democrática del orden anterior, no remembrarían quién es la voz de mando.

Si todavía hace unos años el orden era lo que sustentaba los regímenes, ahora parece ser el caos de acuerdo con da Empoli (p. 99). Por ejemplo, el autor recuerda los gobiernos de Jair Bolsonaro, Javier Milei o Donald Trump, así como la situación política británica posterior al Brexit. En estos actores, hay una intención de llevar cada acto hasta sus últimas consecuencias sin importar cuáles sean. Así, los valores de la época pasada parecen haber perdido relevancia. No importa el respeto a las instituciones, derechos humanos o los derechos de las minorías. En el libro, estos actores son descritos como borgianos. Su objetivo es moverse en un mundo sin límites (p. 101).

Posteriormente, el escritor realiza un análisis sobre Donald Trump. Comenta que el presidente de los Estados Unidos no lee nada, ni siquiera algunas notas de preparación para una entrevista (hablar de un libro o siquiera del periódico serían palabras mayores). De este modo, Trump solo funciona verbalmente; lo cual supone un desafío para intentar comunicar un conocimiento de mayor profundidad (pp. 101–102), pues lleva necesariamente a preguntarnos: ¿por cuánto tiempo puede el presidente norteamericano fijar su atención?

Sin embargo, esto no es un lamento, sino una descripción de la política en general, pues –⁠según el escritor⁠– un principio inmutable de la política sería la nula relación entre la intelectualidad y la inteligencia política. De este modo, se podría afirmar que a pesar de no poseer ninguna capacidad intelectual, Trump es un intérprete de nuestros tiempos; va al unísono de ellos y dice lo que la masa pretende escuchar. Otros casos de esta separación entre intelectualidad e inteligencia política podrían verse en Carlos Menem o Pedro Sánchez; es decir, existen sujetos que sin tener muchas lecturas teórico-políticas encima son capaces de ser exitosos políticamente a través de su intuición e interpretación de la época. Así, no precisan de lectura, pueden leer el espíritu de la época sin alguna base teórica.

Incluso, la política –⁠al no tener puntos de referencia estables⁠– provoca en los políticos un sentido de supervivencia casi camaleónico. Ese sentido de supervivencia no se puede hallar en un libro como si fuese una fórmula matemática o una receta de cocina, sino que la intuición y la interpretación histórica de los tiempos nos orilla a pensar que lo que llegó a ser favorable en un momento, puede ser muy perjudicial en otro. Da Empoli llevaría el argumento al extremo: no hay interpretación, no existe momento oportuno en la política. El político se lanza con la esperanza de que el momento de su decisión genera un momento idóneo (p. 108). En el caso particular de los borgianos, estos no están interesados en seguir las reglas, ni en el fondo. Solo les importa tener éxito, se basan en lo que alguna vez dijo Javier Milei: «la diferencia entre un loco y un genio es el éxito». Entonces, esta noción supone una ruptura con el juego liberal-democrático. Los abogados aparecen como sus principales enemigos porque desde la perspectiva borgiana se trata de sujetos que forman parte del establishment y que siempre interpretan la ley de una manera especial para mantener el orden; en suma, se trataría de conservadores en el sentido tradicional del término. Además de los abogados, otros enemigos de los borgianos son los tibios. Los borgianos necesitan elevar el nivel del conflicto (p. 123) para que los tibios se definan por alguno de los dos bandos y así descartar su argumentación.

En una segunda parte del libro, da Empoli parece más concentrado en los «conquistadores tecnológicos». Afirma que las plataformas han creado una realidad irreconocible. Uno de los problemas de esta afirmación es que nubla la comprensión de las mismas plataformas, pues antes no vivíamos en una realidad plenamente objetiva (tal cosa no existe). Más bien, la realidad colectiva que creaban los medios a través de la televisión y los diarios dejó de existir para dar paso a una realidad casi individualizada a través de los algoritmos de las redes. De esta manera, cada persona obtiene su realidad a medida de sus prejuicios y expectativas (p. 127).

El escritor analiza a Elon Musk: en esta persona hay algo más que una preferencia política; hay una intención de desprendimiento de las antiguas élites políticas. El consenso de Davos se rompió: ese pacto de unos demócratas de centro-derecha y centro-izquierda respetando las reglas de la democracia liberal y del mercado con un poco más o menos de intervencionismo estatal no existe más (p. 151). Tanto en Mark Zuckerberg, pero principalmente en Musk hay un objetivo de destruir ese consenso, de generar caos, de romper las reglas (p. 151).

En la elección presidencial de 2012, donde Barack Obama fue relecto, da Empoli identifica el Proyecto Narval como la primera irrupción de las plataformas tecnológicas en la política creando mensajes individualizados. La élite del Partido Demócrata llegó a saber el nombre de cada uno de sus electores, lo que pensaban y con base en eso generaban un mensaje casi individualizado. Así, paradójicamente, los conquistadores de la tecnología han logrado lo que han querido porque políticos moderados como Al Gore y Obama les abrieron la puerta. Después no supieron controlarlos, pues estos conquistadores no toleran límites a su ambición de poder (pp. 164–166). El Imperio Azteca no hubiese caído si no hubiera existido la ayuda de otras etnias locales hacia el Imperio Español; de igual manera, quizás el consenso de Davos no se hubiera resquebrajado a manos de los borgianos si no fuese por quienes les abrieron las puertas del poder a los empresarios tecnológicos.

Posteriormente, en el libro, se encuentra un lamento de que ya no haya políticos tradiconales como Francesco Cossiga o Henry Kissinger. Estos sabían de historia, entendían qué había cambiado. Ahora, los borgianos que predominan presumen su ignorancia al igual que los empresarios tecnológicos (p. 170–180). No obstante, el poder que han acumulado en los últimos años es inaudito.

El poder de la IA no tiene nada de democrático ni de transparente. Más que artificial, la IA es una forma de inteligencia autoritaria, que centraliza los datos y los transforma en poder. Todo en la opacidad más absoluta, bajo el control de un puñado de empresarios y de científicos que cabalgan el tigre esperando que no los devore a ellos (p. 181).

Finalmente, el autor menciona que el dilema del siglo será entre el ser humano y la máquina; el del siglo XX fue entre el mercado y el Estado. Así, la pregunta que moldea el siglo es si ¿nuestra vida se somete al sistema digital? El avance tecnológico ha provocado que cada vez tengamos más datos a disposición, pero menor capacidad humana para interpretarlos. A cada paso que damos, tenemos menos imaginación para predecir algo, ni siquiera sabemos bajo cuál mundo despertaremos mañana. De esta manera, cada uno continua con su vida como si nada nuevo pasara: «La verdadera novela anticipatoria de la IA es El proceso, de Kafka, en la que nadie comprende lo que sucede, ni el acusado ni los jueces que lo imputan, y sin embargo los acontecimientos siguen su curso inexorable» (p. 194). El académico actúa como si no estuviera en riesgo su profesión y sigue escribiendo como si todo siguiera el curso de una época pasada. El abogado estudia el caso sin saber si la IA podría preparar una mejor defensa que él; el médico estudia y elabora recetas, mientras la gente consulta a la IA para confirmar el diagnóstico del médico. Entonces, todo el mundo se encuentra a merced, menos los poderosos. Pues si la IA se come las tareas especializadas, con mayor razón lo hará con las más automatizadas como la atención al cliente. Da Empoli afirma que la IA se apropia a cada paso de nuestras vidas y algunos le entregan más información hasta de forma voluntaria. Cuando la IA falla, no hay humano al cual dirigirse. Si por azares del destino ocurre el milagro de contactar a uno, este seguramente no tendría el poder de resolver nuestro problema (pp. 207–208). El autor italiano no está lanzando una hipótesis sobre el futuro, sino que describe un presente donde los borgianos y los conquistadores tecnológicos hacen crecer un sistema que probablemente los acabará por absorber a ellos mismos, un sistema que tendrá como máxima autoridad a la tecnología sin margen de cuestionamiento.