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Revisado por pares
El concepto de laboratorio ciudadano es amplio y ha sido abordado desde disciplinas tan diversas como la sociología, la filosofía, la economía o la educación, así como desde enfoques relacionados con la innovación, la ciencia abierta o la participación ciudadana, por poner algunos ejemplos. En este sentido destacan autores que podemos considerar ya clásicos en el tratamiento del tema, como Michael Bauwens, quien investigó el papel de los laboratorios ciudadanos en la generación y difusión del conocimiento abierto (Sádaba, 2008); o Yochai Benkler (2006), quien abordó la producción colaborativa de bienes y servicios.
Por otro lado, la relación entre los laboratorios ciudadanos y la ciencia ciudadana es un campo de estudio en constante evolución. Se han llevado a cabo investigaciones que abordan variados aspectos de esta conexión, tales como las cuestiones legales y éticas relacionadas con la propiedad intelectual, la participación ciudadana en la investigación científica, la denominada innovación abierta y la importancia de la participación de los ciudadanos en el desarrollo de distintos productos y servicios —aspecto este último que ha contribuido a comprender la colaboración en proyectos de ciencia ciudadana—, o los laboratorios ciudadanos y sus contribuciones a la ciencia abierta (Barjak y Heimsch, 2023; Cueva, 2021).
De acuerdo con estas ideas iniciales, este artículo pretende alcanzar los siguientes objetivos: (1) conceptualizar los laboratorios ciudadanos y sus características fundamentales, (2) proponer una tipología de laboratorios ciudadanos y su correspondiente descripción basándose en criterios sólidos, (3) analizar convergencias y diferencias con la ciencia abierta, y (4) examinar experiencias relevantes en el ámbito educativo en España.
Los laboratorios ciudadanos son espacios de innovación colectiva orientados a transformar realidades sociales y culturales, promoviendo soluciones alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Lafuente, 2018; Vivar Zurita, 2016). Son entornos abiertos, colaborativos e híbridos, en los que se puede fomentar la transición desde la protesta hacia la propuesta y la convivencia compartida (Lafuente, 2018). También facilitan la creación de redes interdisciplinarias para actividades colaborativas con impacto social (Yañez-Figueroa et al., 2017). Según la European Network of Living Labs (ENoLL), estos espacios operan bajo tres pilares fundamentales:
Implementación de una metodología de trabajo específica. Se resalta la necesidad de emplear una metodología de trabajo que incluya técnicas de mediación y posea como objetivo fomentar la generación de prototipos y soluciones de código abierto, promoviendo un enfoque experimental y de innovación continua. Estas prácticas de trabajo flexibles y abiertas permiten la experimentación y la creación de soluciones innovadoras a los desafíos identificados por la comunidad participante.
Todos los elementos anteriores impulsan la democratización del conocimiento y la innovación continua, evitando su privatización (Ricaurte Quijano, 2018; Sierra-Caballero, 2022) y conectando con la ciencia ciudadana y abierta mediante el acceso libre a los resultados de investigación (Carayannis y Campbell, 2009; Citilab Cornellà, 2018; Eskelinen et al., 2015).
Los autores anteriormente citados señalan tres de las características que definen los laboratorios ciudadanos: la constitución de colectivos (1) que trabajan de forma cooperativa (2) y desde una perspectiva interdisciplinar (3). A estos tres rasgos, Antonio Lafuente (2018) añade otro que, desde nuestra perspectiva, resulta interesante porque tiene que ver con su apertura a formas de organización flexibles que se autogestionan, teniendo en cuenta el carácter de las actividades que van a realizar. Ello implica que estos laboratorios no precisen de la dotación de una estructura excesivamente rígida porque su aspiración es la de ir gestando una ciencia ciudadana a partir de la apertura de espacios públicos, la formación de los ciudadanos para participar y empoderarse socialmente. Del mismo modo, se persigue el desarrollo de una nueva cultura de diálogo para desmercantilizar el conocimiento, a partir de la idea de que el mismo se genera entre todos y, en consecuencia, ha de ser utilizado también para todos, en consonancia con los principios de la ciencia abierta (Sierra-Caballero, 2022). Pablo Pascale y Jorge Resina (2020, p. 24) destacan cuáles son las características principales que se deberían tener en cuenta para «avanzar hacia la construcción de un nuevo tipo de institucionalidad»:
Flexibilidad y evolución orgánica: a diferencia de otras instituciones, estos laboratorios son entidades vivas que se caracterizan por su flexibilidad y continua evolución. Cada edición o propuesta que se hace desde los mismos incorpora innovaciones, adapta su diseño y realiza modificaciones para conectarse de manera más efectiva con las necesidades cambiantes de la ciudadanía, generando así un proceso de aprendizaje constante y una adaptación orgánica hacia nuevas formas de funcionamiento.
En síntesis, aunque los laboratorios ciudadanos pueden variar en su estructura según su contexto y objetivos, omparten ciertas características relacionadas con la experimentación y la participación ciudadana, que permiten que en estos espacios se promueva la innovación y la colaboración democrática al tratar de solucionar problemas y necesidades de diverso tipo (local, regional, nacional e internacional). No podemos olvidar que el objetivo último de estos laboratorios es generar un impacto social positivo, necesario para mejorar la calidad de vida y la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones (Barjak y Heimsch, 2023), así como para hacer posible el compromiso cívico (Ekman y Amnå, 2012). Al incorporar en esta caracterización de los laboratorios ciudadanos una amplia variedad de enfoques teóricos, podemos explorar los posibles puntos de fricción y complementariedad entre los mismos. Así, mientras que autores como Bauwens (Sádaba, 2008) y Benkler (2006) enfatizan tanto la producción colaborativa de bienes comunes como el conocimiento abierto desde una perspectiva basada en la economía compartida, Antonio Lafuente (2018) y Francisco Sierra-Caballero (2022) acentúan el carácter político y emancipador de los laboratorios ciudadanos, que son más bien concebidos como instrumentos de democratización del saber y transformación social. Esta diferencia revela precisamente la tensión teórica entre una visión centrada en la eficiencia y la innovación, más tecnoeconómica, y otra orientada a redistribuir el poder para generar el conocimiento, que posee un carácter eminentemente sociopolítico. Por su parte, los planteamientos de la ENoLL y de autores como Pascale y Resina (2020) proporcionan un marco metodológico e institucional que redunda en la dimensión de flexibilidad, experimentación y creación compartida, al plantear el carácter abierto y autogestionado de estos entornos. Una integración de todas estas perspectivas puede ir en la línea de conceptualizar los laboratorios ciudadanos como espacios en los que la institucionalización y la espontaneidad se complementan con la intencionalidad de promover una participación cívica innovadora.
No es fácil plantear una tipología cerrada ni estática de laboratorios ciudadanos, porque en la literatura especializada se plantea un paisaje amplio y cambiante de laboratorios. A su vez, suele integrar otro tipo de iniciativas que, si bien en las distintas clasificaciones se conciben de modo diferente, poseen rasgos comunes con los laboratorios ciudadanos, como el trabajo interdisciplinar y colaborativo de un colectivo de personas mediante la creación de redes, ocasionalmente apoyándose en los recursos tecnológicos, además del trabajo sistemático necesario para la construcción de conocimiento abierto y considerado un bien común (Sangüesa, 2013; Vivar Zurita, 2016). Partimos, por tanto, de la premisa de que no es sencillo delimitar una clasificación de laboratorios ciudadanos, pues en algunos casos sus características pueden solaparse y dificultar el establecimiento de compartimentos estancos. No obstante, en la búsqueda de una sistematización inclusiva, proponemos la siguiente sistematización, susceptible de ser adaptada o ampliada en función de la evolución futura:
Una vez caracterizados desde diversas perspectivas los laboratorios ciudadanos, cabe preguntarse en qué medida estos y la ciencia ciudadana convergen. Para ello, se han revisado los contenidos y experiencias incluidas en el Observatorio de la Ciencia Ciudadana en España, el CSIC y la Asociación Española para la Ciencia Ciudadana, evidenciando que ambas actividades tienen como finalidad involucrar a la ciudadanía en actividades científicas y tecnológicas, empoderar a los ciudadanos en el desarrollo del conocimiento científico y promover su educación en ciencia y tecnología. Estas iniciativas incluyen programas formativos, recogida y análisis de datos y acceso a infraestructura especializada (Finquelievich y Fischnaller, 2014; Rivas Rebaque, 2020).
En base a lo anterior, las convergencias entre ambas realidades son perfectamente identificables. A pesar de ello, hay algunas diferencias significativas. Así, los laboratorios ciudadanos están centrados en la co-creación y experimentación en espacios específicos, mientras que la ciencia ciudadana pone el énfasis en la participación de proyectos científicos establecidos, sin que eso suponga necesariamente la existencia de un laboratorio ad hoc.
Por otro lado, cabe destacar que la ciencia ciudadana y los laboratorios ciudadanos están alineados con las políticas y mandatos de la Unión Europea, especialmente con Horizon Europe, que es el programa marco de investigación e innovación (I+I) de la Unión Europea (UE) para el período 2021–2027, y la Ley 17/2022 de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, que fomentan la participación ciudadana en investigación, ciencia e innovación para abordar desafíos globales y promover los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), promoviendo el compromiso cívico y la toma de decisiones informadas. En este contexto, se podría decir que la ciencia ciudadana se centra en la recopilación de datos, observaciones o contribuciones por parte de la comunidad para proyectos científicos ya establecidos, mientras que los laboratorios ciudadanos van más allá, ofreciendo un entorno de experimentación y co-creación, donde los participantes pueden contribuir activamente en la generación de soluciones y prototipos para problemas locales o desafíos específicos. En definitiva, según Daniel Gil Pérez y Amparo Vilches Peña (2006), ambos modelos complementan el compromiso cívico y la democratización del conocimiento, contribuyendo al avance científico y a la conciencia ambiental.
A la luz de estas convergencias y diferencias, resulta pertinente examinar críticamente las tensiones entre las concepciones tecnocráticas y comunitarias y sus implicaciones políticas en el ámbito educativo. La expansión de los laboratorios ciudadanos en educación se sitúa entre dos orientaciones que raramente se presentan en estado puro, pero que funcionan como polos analíticos. La concepción tecnocrática, asociada a programas de innovación y smart governance (Hollands, 2008), privilegia métricas, escalabilidad y respuesta a demandas institucionales o de mercado. En este enfoque, la participación se reduce a tareas instrumentales, como la aportación de datos o la validación de prototipos, sin capacidad real para definir problemas ni decidir fines educativos. El aprendizaje se orienta a competencias medibles y la institución se subordina a agendas externas, reproduciendo la cultura de la medición (Biesta, 2010; Mirowski, 2018).
En el polo opuesto, la concepción comunitaria entiende los laboratorios como espacios públicos de codefinición de problemas y experimentación colaborativa, próximos al diseño participativo (Björgvinsson et al., 2012) y a los marcos de investigación e innovación responsables (Stilgoe et al., 2014). En este modelo, ciudadanía, profesorado y estudiantado participan en todas las fases del proceso, lo que fortalece capacidades deliberativas, éticas y políticas y produce prototipos con valor público (Haklay et al., 2018; Smallman, 2018).
Ambas lógicas coexisten, pero su equilibrio tiene implicaciones políticas y pedagógicas. Cuando predomina la orientación tecnocrática, la medición eclipsa la democratización del conocimiento; cuando prevalece la comunitaria, la institución se abre a problemas sociales, articula saberes expertos y ciudadanos y redefine el éxito más allá del producto. La expansión de laboratorios en educación debería, por tanto, promover gobernanza compartida, participación vinculante de docentes y estudiantes y criterios de evaluación plurales que integren métricas con finalidades orientadas al bien común (Hecker et al., 2019).
Dada la gran cantidad de experiencias de laboratorios ciudadanos en España, que además presentan una notable diversidad en sus conceptos, enfoques y tipologías, llevar a cabo un análisis exhaustivo de todas ellas representa un desafío inabarcable. Por esta razón, para este estudio se barajaron inicialmente varios criterios para la selección de aquellos laboratorios susceptibles de ser incluidos, entre los que destacan:
A través del buscador del Observatorio de la Ciencia Ciudadana en España, una iniciativa de la Fundación Ibercivis y la FECYT, se puede acceder a información detallada sobre los distintos proyectos de laboratorios ciudadanos que se llevan a cabo en España. La búsqueda se puede realizar utilizando filtros como el área de conocimiento, el tipo de iniciativa o mediante la introducción de palabras clave o texto.
La diversidad y el alcance heterogéneo de las acciones relativas al ámbito de los laboratorios ciudadanos complicaban, en la práctica, hallar una fuente de información infalible o que, al menos, garantizara niveles de exhaustividad y actualización definitivos. Pese a su aparente pertinencia inicial, el Observatorio de Ciencia Ciudadana no fue el recurso seleccionado para nuestra investigación; esta decisión se fundamentó en dos razones. En primer lugar, el repertorio resultaba demasiado variado y abarcaba un concepto muy amplio de lo que son los proyectos de ciencia ciudadana y, por tanto, de los laboratorios. En segundo lugar, dado que la herramienta ya permite el acceso a la localización y descripción de estas iniciativas, se consideró poco útil duplicar esta información. Finalmente, se optó por tomar como referencia y punto de partida los datos disponibles en el buscador de la European Network of Living Labs (ENoLL), con el objetivo de proporcionar información complementaria e idear un esquema de descripción propio.
El recurso que ofrece ENoLL registra laboratorios ciudadanos (o living labs) activos y certificados a nivel internacional, lo que garantiza a sus miembros una mayor visibilidad y proyección de las distintas propuestas catalogadas, al tiempo que asegura la experimentación y colaboración en redes y grupos de trabajo a nivel transfronterizo e intersectorial. Los laboratorios se clasifican, además de por su ámbito geográfico (concurren países de todo el mundo), por el grado de participación de sus miembros (intervención plena o adheridos) y en función de las siguientes categorías temáticas:
Dado que el objeto de estudio eran los laboratorios ciudadanos del ámbito educativo, la búsqueda, realizada en el mes de julio de 2024, se limitó a las siguientes categorías: Cultura y creatividad (C & C), Inclusión social e innovación (IS & Inn), Educación (Educ), Salud y bienestar (S & B) y Medios de comunicación (MC), como criterio de inclusión para seleccionar los laboratorios. Tras una búsqueda exhaustiva, se obtuvieron resultados en todas las categorías temáticas, a excepción de la etiquetada como Medios de comunicación. A continuación (Tabla 1), se ofrece el listado de los diecisiete laboratorios españoles que pertenecen a una o a varias de esas categorías temáticas.
Tabla 1. Laboratorios ciudadanos desarrollados en España según ENOLL
| Laboratorio |   C & C  |  IS & Inn  |  Educ  |  S & B  |
|---|---|---|---|---|
| Alimentta | ☓ | ☓ | ☓ | |
| Citilab Cornellá | ☓ | ☓ | ||
| Fundación Épica | ||||
| Food&HealthLab | ||||
| HealthCare Living Lab Catalonia | ☓ | |||
| Idea | ☓ | |||
| I2Cat | ||||
| LabSaúde | ☓ | |||
| Library Living Lab | ☓ | |||
| Library Lab Economía Social (LLES) | ☓ | ☓ | ☓ | |
| Living Lab | ☓ | |||
| MediaLab UGR | ☓ | ☓ | ☓ | |
| MindLab | ☓ | ☓ | ☓ | |
| Neurolab | ☓ | ☓ | ☓ | |
| Suara Living Lab | ☓ | ☓ | ||
| UAB Smart Campus Living Lab | ☓ | ☓ | ☓ | |
| UJI>LAB | ☓ | ☓ | ☓ |
Como se puede observar, en la tabla se contemplan tres living labs (Fundación Épica, Food&Health y I2 °Cat) que ENoLL no incluye en ninguna de las categorías seleccionadas; sin embargo, una vez revisada la información proporcionada sobre cada una de estas experiencias innovadoras, se consideró que sí respondían a la temática educativa objeto de este estudio.
Como apunte adicional, creemos relevante destacar que algunos living labs codificados en la base de datos empleada como fuente de información ejercen funciones como intermediarios o facilitadores entre ciudadanos, organismos de investigación, empresas y agencias gubernamentales.
Para la descripción de las experiencias de laboratorios ciudadanos, se ideó un esquema que recoge un conjunto de elementos para definir y caracterizar su actividad. El objetivo de este instrumento no es de carácter evaluativo, sino que su fin es facilitar, mostrar y establecer sinergias y puntos comunes en un ámbito que, por su propia naturaleza, implica una gran diversidad de acciones e iniciativas. A continuación, en la Tabla 2, se ofrece la estructura de descripción propuesta.
Tabla 2. Ficha de descripción de los laboratorios ciudadanos
| Campos de descripción | Información aportada | |
|---|---|---|
| Denominación del LC | Nombre completo del laboratorio o experiencia ciudadana | |
| Área disciplinar o ámbito científico | Campo temático en el que se enfoca el proyecto dentro de las categorías propuestas por ENoLL | |
| Tipo de LC | Tipología de laboratorio ciudadano (Citylabs o Civic Tech) | |
| Coordinador / Responsable | Persona o institución responsable de la ejecución del proyecto | |
| Sitio web | Proporciona información detallada sobre el proyecto, incluyendo objetivos, métodos y formas de participación | |
| Logo del proyecto | Identificación gráfica del laboratorio ciudadano | |
| Contacto e información adicional | Canales para comunicarse con el equipo del proyecto, recursos adicionales, redes sociales y enlaces relevante | |
| Entidad financiadora | Institución o agencia que financia el laboratorio. | |
| Entidades colaboradoras | Otras entidades que puedan colaborar en el laboratorio | |
| Objetivo del laboratorio | Descripción concisa de los fines del proyecto | |
| Actividades desarrolladas | Acciones llevadas a cabo por el laboratorio | |
| Población participante | Grupo ciudadano que participa en el proyecto (población en general, estudiantes, voluntarios, expertos, etc.) | |
| Estado | En proceso de ejecución / Finalizado | |
| Observaciones | ||
Tras aplicar el referido modelo de descripción, se ofrecen seguidamente algunas consideraciones sobre ciertos campos seleccionados; en concreto, se comentan aquellos referidos al tipo de laboratorio, a las entidades financiadoras y a las entidades colaboradoras, a las actividades llevadas a cabo y a la población participante.
En cuanto a la tipología de laboratorios, se comprobó que la distribución de los diecisiete laboratorios analizados era muy equilibrada. De ellos, un total de nueve podían ser identificados dentro del concepto englobado en la categoría de laboratorios de tecnología cívica (civic tech). En concreto, fueron varios los que respondían a características propias de iniciativas conocidas como medialabs. Los ocho laboratorios restantes podrían considerarse más cercanos a la categoría citylabs, haciendo énfasis en su ubicación y arraigo en localidades concretas. Dentro de estos, las tipologías más frecuentes fueron los laboratorios de ciencias ciudadanas (especialmente del ámbito medioambiental, del agroalimentario y de la salud) y los laboratorios de arte y cultura (en los que se promueven espacios de creación artística). En todo caso, como ya se ha aludido, debido a la amplia casuística y al carácter multidisciplinar intrínseco de la gran mayoría de las iniciativas de ciencia ciudadana recopiladas, esta diferenciación entre laboratorios tecnológicos y ciudadanos tiene unas fronteras intencionadamente porosas.
Respecto a las entidades financiadoras, la tónica habitual es también mixta: aparecen representadas en número bastante semejante las participaciones de organismos públicos y de empresas, si bien hay un ligero predominio de los primeros, especialmente cuando son también la entidad financiadora principal; en los casos en que actúan como colaboradoras, la participación fue muy pareja. Profundizando algo más, vemos que estas instituciones públicas son de diversa índole, pero son más frecuentes las universidades y las instituciones de carácter local y regional, como diputaciones, ayuntamientos e institutos y agencias autonómicas. Es reseñable la intensidad con que se hace notar la presencia de instituciones de la Unión Europea a través de programas muy variados. En cuanto a las empresas privadas, encontramos entidades financieras (incluyendo las correspondientes fundaciones vinculadas), así como empresas dedicadas al sector audiovisual y al de las telecomunicaciones.
Si nos detenemos en las actividades, de nuevo la pluralidad es la característica más recurrente, no solo en cuanto a su temática y objeto, sino también en cuanto a su propia filosofía. Esta circunstancia vuelve a incidir en la riqueza de propuestas activas a desarrollar, uno de los puntos fuertes de estos laboratorios. Pero, por otro lado, ese carácter tan heterogéneo puede llegar a dificultar la sistematización de estas actividades a posteriori. En todo caso, entre las acciones organizadas más usuales figuran:
El amplio abanico de posibilidades y el carácter abierto y modulable de las acciones que abordan este tipo de espacios permiten asimismo la opción de evolucionar y modificar, en función de las necesidades detectadas, el alcance y la naturaleza de las actividades. Frente a ello, un aspecto en el que encontramos cierto consenso y generalización es la apertura a la sociedad en su conjunto, permitiendo la participación de la población general. Esto no es óbice para que muchas de ellas, especialmente por el carácter centrado en el ámbito educativo de este estudio, hagan mayor hincapié en segmentos de población de mayor edad o en entornos universitarios.
Por último, además de la radiografía de los laboratorios seleccionados, otro de los progresos resultantes de este estudio sería el propio modelo de descripción propuesto, que en sí mismo ofrece un punto de partida desde el que perfeccionar y completar la descripción de los laboratorios ciudadanos. Su uso en estudios posteriores puede favorecer el análisis de su evolución y enriquecerse con nuevos elementos y dimensiones.
Los laboratorios ciudadanos se constituyen actualmente como un importante espacio al servicio de una innovación social y cultural de carácter colectivo que se alinea perfectamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La consideración de estos como espacios de experimentación en un entorno en el que colabora y participa activamente la ciudadanía para tratar de dar respuesta a los problemas y necesidades que esta manifiesta, contribuye a su empoderamiento mediante la creación, entre otras acciones, de redes interdisciplinares que exigen la toma de decisiones por parte de los agentes sociales que integran estos laboratorios, así como el compromiso cívico.
En el presente trabajo se ha contribuido a delimitar la tipología de laboratorios ciudadanos que se estima que mejor se ajusta a la idiosincrasia del amplio abanico al que se refiere la literatura sobre el tema. Esta clasificación era necesaria precisamente ante la dificultad encontrada para definir claramente los distintos tipos de laboratorios, además de evitar solapamientos que pudieran dificultar el análisis posterior de las principales experiencias al respecto. Se pretendía plantear también, a través de dicha clasificación, un posible debate sobre sus posibilidades y limitaciones, si es el caso, para lograr una tipología cercana y pragmática para analizar y situar las distintas experiencias actualmente identificadas en el panorama nacional e internacional.
En lo que respecta a la vinculación entre los laboratorios y la ciencia ciudadana, se ha evidenciado que se trata de dos realidades estrechamente relacionadas, aunque con enfoques distintos. Los primeros, como hemos visto, son espacios de carácter físico o virtual en donde los ciudadanos y profesionales de áreas de conocimiento y disciplinas diversas se reúnen para colaborar en proyectos de interés común. En este sentido, al igual que la ciencia ciudadana, la participación pública es esencial en investigaciones y propuestas de carácter científico y social. Por tanto, la llamada metodología de la ciencia ciudadana está presente en ambos. Sin embargo, cabría afirmar que los laboratorios ciudadanos tienen un enfoque más extenso a la hora de desarrollar la innovación tecnológica y social, por lo que, aunque la ciencia ciudadana es un recurso que puede emplearse en el contexto de los laboratorios ciudadanos, los objetivos, metodologías y actividades de estos últimos son más heterogéneos.
Respecto a las experiencias de laboratorios ciudadanos analizadas en el ámbito educativo español, procede concluir que estas se agrupan en torno a dos categorías principales: civic tech y citylab; la financiación suele ser mixta al proceder de organismos públicos y de empresas, aunque con un ligero predominio de las instituciones públicas. Si bien abarcan actividades muy diversas, destacan por su flexibilidad para adaptarlas a las necesidades que requiere la participación ciudadana, especialmente en experiencias con personas mayores y en entornos universitarios.
En lo que se refiere a la localización de experiencias de laboratorios ciudadanos en el ámbito educativo, existe una clara necesidad de contar con fuentes fiables y que proporcionen datos actualizados. En este estudio se ha optado por emplear una de las distintas bases de datos disponibles, pero ninguna es absolutamente exhaustiva en un entorno tan voluble. Ello supone una limitación de este estudio y a la vez abre una oportunidad de desarrollo: además del esfuerzo de difusión que cada laboratorio pueda emprender, proponemos que se armonice desde una o varias instituciones o centros esa labor de recogida de datos de los laboratorios activos, no para uniformar sus acciones, sino precisamente para tener un panorama más completo de su rango de acción, de posibles colaboraciones y de su continuidad en el tiempo.
Tras la realización de nuestro estudio, consideramos que podrían abrirse otras líneas de investigación futuras que pusieran de relieve la interconexión entre los laboratorios ciudadanos y la ciencia abierta y, más concretamente, los datos abiertos, ya que estos se entrelazan en una relación simbiótica que impulsa la innovación, la participación ciudadana, el desarrollo social y la transferencia del conocimiento. Los laboratorios ciudadanos, en tanto que espacios de creación colaborativa y experimentación, encuentran en los datos abiertos una materia prima inestimable, mientras que la filosofía de apertura y transparencia de estos laboratorios fomenta la reutilización efectiva de la información. Al aprovechar el potencial de los datos abiertos y la inteligencia colectiva de los laboratorios ciudadanos, se pueden generar soluciones creativas y efectivas a los desafíos que enfrentan los distintos sectores sociales, profesionales, económicos, etc. Así, la reutilización de la información se convierte en un pilar fundamental de este ecosistema, al compartir el conocimiento colectivo surgido de las experiencias llevadas a cabo en el contexto del laboratorio y maximizar el impacto de los proyectos.
Esta estrecha interconexión entre los laboratorios ciudadanos y los datos abiertos resulta mutuamente beneficiosa por diversos motivos:
Otra línea de investigación futura es la de promover el análisis más profundo de estudios empíricos y comparativos de carácter internacional sobre el impacto educativo de los laboratorios ciudadanos, para ofrecer una visión más amplia del tema. En este sentido, la evidencia internacional que nos ofrecen algunas investigaciones revela que los laboratorios ciudadanos poseen un impacto educativo multidimensional notable, que no solo afecta a la esfera cognitiva (Berndt y Nitz, 2023; Golumbic y Motion, 2021), sino también a la afectiva, social y cívica (Smith et al., 2021) porque favorecen una cultura científica participativa, a través de las relaciones emocionales, motivacionales e indagativas promovidas por la acción conjunta que se establece entre el entorno, la ciudadanía y los contextos educativos formales —por ejemplo, la universidad— y no formales. Los estudios empíricos y comparativos evidencian una gran heterogeneidad en el empleo de métodos, escalas e indicadores de impacto, aspectos que dificultan notablemente la comparación entre lo realizado en proyectos de distintos países (Katapally, 2024; Wehn et al., 2024; Woods et al., 2022). Por ello, la unificación de marcos y métricas internacionales, teniendo en cuenta las diferencias contextuales, la ampliación de los casos de estudio a la diversidad epistemológica y geográfica existente y la integración de enfoques metodológicos mixtos para combinar la evaluación científica, social y política, son también líneas de investigación que planteamos porque pueden repercutir en una medición de mayor calidad sobre el impacto de los laboratorios ciudadanos y en la modificación, si fuera el caso, de la propia práctica de la participación ciudadana en los mismos.
Críspulo Travieso-Rodríguez: conceptualización, investigación, redacción y revisión.
Azucena Hernández-Martín: conceptualización, investigación, redacción y revisión.
Yolanda Martín-González: conceptualización, investigación, redacción y revisión.
Ana Iglesias-Rodríguez: conceptualización, investigación, redacción y revisión.