Entre el mandato y el deseo: Las maternidades en el feminismo uruguayo ayer y hoy

  • Mariana Fry
  • Mariana Robello
  • Elisa García
En este artículo analizamos y comparamos los discursos sobre las maternidades elaborados por el movimiento feminista uruguayo, en el ciclo de movilizaciones actual y la década de los ochenta. Para ello, revisamos las principales revistas feministas de aquella época, así como las publicaciones elaboradas por las organizaciones y espacios de articulación que protagonizan el ciclo actual. Mediante esta indagación, buscamos contribuir a la reconstrucción de la memoria feminista y aportar a la reflexión sobre las maternidades desde una perspectiva situada en el Sur.En términos teóricos, recuperamos los debates feministas que deconstruyen y reconstruyen la maternidad, y señalan su carácter ambiguo. Desde esta perspectiva, observamos el modo en que los feminismos uruguayos de ayer y de hoy combinan las críticas al mandato de la maternidad y a la sobrecarga de trabajos que este impone, con la creación de prácticas de desobediencia y la enunciación del disfrute asociado a esta experiencia.
    Palabras clave:
  • Movimiento feminista
  • Maternidad
  • Mandato
  • Uruguay
In this article, we analyze and compare the discourses on motherhood articulated by the Uruguayan feminist movement during the current cycle of mobilizations and those of the 1980s. To this end, we examine the main feminist journals from that time, as well as publications from organizations in the current cycle. Through this study, we aim to contribute to the recovery of feminist memory and to analyze motherhood from a situated perspective in the Global South.From a theoretical perspective, we draw on feminist debates that deconstruct and reconstruct motherhood, highlighting its ambiguous nature. In this regard, we observe how past and present Uruguayan feminisms combine critiques of the mandate of motherhood and the excessive burden of care work it imposes, with the creation of practices of disobedience that also express the enjoyment associated with this experience.
    Keywords:
  • Feminist movement
  • Motherhood
  • Normativity
  • Uruguay

1 Introducción

Los debates relacionados con la maternidad constituyen uno de los nudos centrales en la historia de los feminismos. Desde la publicación de la obra El segundo sexo de Simone de Beauvoir en 1949 (1949/2021), los movimientos feministas en distintas regiones del mundo han cuestionado la imposición de la maternidad como destino para las mujeres, la asociación de la mujer y la madre, y el repliegue a las tareas reproductivas que este rol conlleva.

En el Norte, este ha sido uno de los asuntos principales de la segunda ola, que comenzó cuestionando la reducción de las mujeres a su rol de madres y esposas, para luego ampliar la mirada a las múltiples aristas de la dominación patriarcal (Alcalá García, 2015). A partir de entonces, tanto en Europa como en EE. UU., distintas autoras colocaron la maternidad en el centro de los debates feministas (Badinter, 1980/1991; Rich, 1976/2019). En el Sur, desde los años noventa las pensadoras feministas identificaron en la maternidad y la domesticidad uno de los cautiverios de las mujeres, y denunciaron el carácter mítico de la naturalización de este rol (Fernández, 1993/2010; Lagarde, 1990/2005).

En la actualidad, el debate feminista sobre las maternidades ha vuelto a estar en la agenda, en el marco de una nueva oleada de movilizaciones de carácter transnacional. Las contribuciones recientes han evidenciado el avance de miradas conservadoras sobre la maternidad (Badinter, 2010), así como también nuevas rebeldías y formas de relacionarse con esta experiencia (Vivas, 2020). El presente trabajo busca visibilizar algunas reflexiones sobre el tema elaboradas desde el Sur. Se centra en Uruguay, analizando los discursos del movimiento feminista en relación a las maternidades desarrollados en los años ochenta y en el ciclo actual.

En Uruguay, es posible identificar dos ciclos de luchas feministas contemporáneos, en sintonía con lo ocurrido en la región. La década de los ochenta estuvo signada por la emergencia de un amplio conjunto de organizaciones de mujeres y feministas, que adquirieron protagonismo hacia el fin del período dictatorial, en un contexto de eclosión de diversos movimientos sociales. El debate sobre la democracia fue central en este período, en forma similar a lo ocurrido en los demás países del Cono Sur de América Latina. El feminismo uruguayo de los ochenta retomó la consigna chilena «democracia en el país y en la casa», ensanchando los límites del concepto para cuestionar el autoritarismo experimentado en el mundo doméstico (de Giorgi, 2020; Sosa, 2020). Desde esta mirada, se problematizaron temas que hasta entonces habían quedado por fuera de la agenda política, como la participación de las mujeres en el trabajo remunerado y no remunerado, la sexualidad y las violencias (Fry et al., 2024). Fue entonces cuando los movimientos de mujeres comenzaron a comprender el carácter político de la maternidad, lo que se reflejó en las publicaciones feministas de la época.

Para el movimiento de los ochenta, la palabra escrita fue central, y la revista feminista fue uno de sus principales medios de circulación (Bentancor y de Giorgi, 2024). Este artículo analiza las intervenciones feministas vinculadas con las maternidades presentes en los dos medios más relevantes de la época: Cotidiano Mujer y La Cacerola. Cotidiano Mujer fue la revista feminista de mayor duración editada en Uruguay, y se publicó en forma continua entre 1985 y 2013. Durante sus primeros años, se sostuvo en forma militante y logró convertirse en una publicación de referencia entre las feministas, abordando en forma profunda y aguda un amplio conjunto de temas. Por su parte, La Cacerola se editó entre 1984 y 1988 por el Grupo de Estudio sobre la Condición de la Mujer (GRECMU). Fundado en 1979, GRECMU fue una de las primeras organizaciones feministas del período. Contó con la participación de sociólogas e historiadoras, y se dedicó a la producción de conocimiento sobre la condición de la mujer en Uruguay. La Cacerola fue clave en la intervención de este grupo y tuvo el cometido de dar a conocer las investigaciones realizadas, por lo que se distribuyó activamente en sindicatos, grupos de mujeres y organizaciones feministas (de Giorgi, 2020; Fry et al., 2024).

Durante la década de los noventa, el feminismo uruguayo atravesó un proceso de institucionalización, que supuso la profesionalización del movimiento y su desmovilización (Rostagnol, 2018). Un hito importante relacionado con este período fue la despenalización del aborto, que se concretó en 2012 luego de décadas de luchas (Johnson et al., 2015).

En la actualidad, asistimos a un nuevo ciclo de luchas feministas, cuyos orígenes pueden ubicarse en el año 2014. Este comenzó articulándose en torno a la visibilización de las violencias hacia las mujeres, especialmente los feminicidios, y en los años siguientes se expandió, poniendo en el centro la esfera reproductiva (Menéndez y Sosa, 2021). Caracterizan a esta ola la masividad y la dinámica novedosa de sus movilizaciones (Furtado y Grabino, 2018), la amplitud de los temas abordados y la proliferación de diversas organizaciones y espacios de articulación (Lissidini y Filgueira, 2023). En este contexto, surgieron las primeras organizaciones feministas dedicadas específicamente al tratamiento de la maternidad, a la vez que el tema comenzó a hacerse presente entre los principales reclamos de las movilizaciones del 8 de marzo (Veras Iglesias, 2023).

Para el ciclo actual, el artículo analiza las proclamas leídas en las principales movilizaciones feministas y las publicaciones realizadas en redes sociales de las organizaciones que han abordado la maternidad. Se concentra en los tres espacios de articulación que estructuran el campo feminista en este período: la Coordinadora de Feminismos, creada en 2015, la Intersocial Feminista, formada en 2017, y Tejido Feminista, cuyo surgimiento se registra en 2021. Adicionalmente, se analizan los documentos divulgados por Desmadre, la principal organización dedicada al abordaje específico de las maternidades desde una perspectiva feminista, cuya creación data de 2019 (García, 2023; Odizzio López, 2019). La elección de las fuentes se fundamenta en la singularidad del ciclo actual, que encuentra en las redes sociales su principal canal de comunicación política, junto con las elaboraciones que se comparten en las movilizaciones callejeras.

Mediante el análisis comparado de ambos períodos, se busca contribuir a la reconstrucción de la memoria feminista, identificando en los movimientos contemporáneos legados de ciclos anteriores y ejercicios de innovación política. Desde una perspectiva situada en el Sur, se pone en diálogo la experiencia revisada con los debates que estructuran el abordaje feminista de la maternidad.

2 Claves feministas para pensar las maternidades

Los debates en torno a la maternidad tienen una larga trayectoria dentro del pensamiento feminista. A mediados del siglo pasado, Simone de Beauvoir (1949/2021) puso en evidencia el carácter cultural de la subordinación de las mujeres, frente a los mitos que la explicaban en términos biológicos. En las décadas siguientes, este asunto comenzó a ocupar un lugar relevante en las problematizaciones y en las movilizaciones feministas. De acuerdo con Lorena Saletti Cuesta (2008), las posturas teóricas relacionadas con la maternidad pueden agruparse en dos bloques: en el primero, se incluyen aquellas que deconstruyen la maternidad como base de la identidad femenina y cuestionan la idea de instinto maternal, mientras que en el segundo se agrupan las que recuperan la maternidad, entendiéndola como fuente de placer, conocimiento y poder específicamente femeninos.

Entre los argumentos que cuestionan la asociación entre mujer y madre, se destaca la postura de Élisabeth Badinter (1980/1991), quien discutió las representaciones del amor materno como un comportamiento innato en las mujeres, para develar su carácter social e histórico. La autora muestra el modo en que esta noción ha sido utilizada para imponer a las mujeres la maternidad como destino y forjar modelos de cuidado basados en el sacrificio, la abnegación y la culpa. Por su parte, las miradas que recuperan a la maternidad como experiencia placentera tienen entre sus pilares la obra de Adrienne Rich (1976/2019), quien distingue entre la maternidad como institución y como experiencia. En la primera dimensión, la maternidad es entendida como una práctica sujetada por relaciones patriarcales, que oprime a las mujeres y genera insatisfacción; mientras que en la segunda se rescata la experiencia de las mujeres y sus vínculos con sus hijos e hijas, su capacidad de creación y generación de placer. Con esta formulación, la autora resalta el carácter ambiguo de la maternidad para entenderla a la vez como fuente de goce y sujeción.

La recuperación de la maternidad supone para Rich (1976/2019) el restablecimiento de la conexión con el cuerpo femenino. Si el cuerpo de las mujeres fue el engranaje de la producción doméstica, controlado y sujetado por relaciones patriarcales, recuperarlo es también rescatar conocimientos y visiones silenciadas. En esta línea, Luisa Muraro (1991/1994) ha señalado la importancia de reconstruir los linajes femeninos y valorizar sus saberes y experiencias, como aspecto clave para la elaboración de un orden simbólico que contenga una relación positiva con las mujeres.

Esos debates han influenciado la mirada elaborada por los feminismos del Sur en torno a las maternidades, en distintos tiempos. Como se verá en apartados siguientes, la mirada crítica de la maternidad fue incorporada en Uruguay en la década de los ochenta, bajo la influencia de Simone de Beauvoir. Por su parte, las perspectivas que recuperan la experiencia maternal son características del ciclo actual, y apuntan el carácter ambiguo de esta experiencia y la importancia política de su recuperación.

Desde la mirada feminista, el rol maternal ejercido por las mujeres constituye uno de los puntos nodales de la división sexual del trabajo. El proceso de industrialización supuso la separación entre la actividad productiva situada en la esfera pública y el mundo privado de la reproducción, que se configuró como un espacio femenino y desvalorizado, sentando las bases del patriarcado del salario (Federici, 2018). En la década del sesenta del siglo pasado, las rebeliones feministas y la inserción masiva de las mujeres en el mercado de trabajo permitieron ampliar sus márgenes de autonomía, pero trajeron aparejada una sobrecarga de trabajo remunerado y no remunerado. El «trabajo invisible» (Larguía, en Estermann y Muro, 2023) resultaba para ellas una extensión de la jornada de trabajo en el seno del hogar, que no gozaba de salario ni reconocimiento.

Este asunto fue central para las feministas de los ochenta en Uruguay, y constituye un legado de las aproximaciones contemporáneas. Las condiciones estructurales que sostienen las desigualdades de género, los mandatos hacia las mujeres-madres y su sobrecarga de tareas de cuidados y domésticas (Arriagada, 2009; Lagarde, 1990/2005), dan sustento material a la vigencia de estos discursos.

En la actualidad, los feminismos han identificado una profundización de las exigencias que recaen sobre las mujeres, en tanto que combinan el mandato de ser la madre perfecta, la mujer trabajadora, bella y exitosa. En forma paralela, reinstalan las miradas naturalistas sobre la crianza, que capturan el tiempo y el cuerpo de las mujeres (Alcalá García, 2015). Este trabajo busca abonar esa discusión, identificando rupturas y continuidades entre los abordajes feministas pasados y presentes sobre la maternidad. Desde el punto de vista teórico, el foco se coloca en las tensiones entre mandato y deseo, abriendo la pregunta acerca de la capacidad de creación política de los feminismos, sus límites y potencialidades.

3 Método

La investigación se inscribe en un enfoque cualitativo y utiliza como técnica el análisis de fuentes documentales, tomando como perspectiva el análisis crítico del discurso (Fairclough y Wodak, 1997).

Tal como se mencionó, se centra en los dos ciclos de movilización contemporáneos del movimiento feminista en Uruguay: la década de los ochenta y el ciclo actual. Para la década de los ochenta se abarcaron los dos medios feministas de publicación continua más relevantes. En un primer momento, se sistematizaron todas las notas publicadas en el período, comprendiendo un total de 134 en La Cacerola y 428 en Cotidiano Mujer. En un segundo momento, se analizaron aquellas que abordaban la maternidad como temática principal (21 documentos).

Para el ciclo actual, se seleccionaron los tres espacios de articulación feminista existentes, considerando todos los documentos publicados entre 2014 y 2023, que incluyen proclamas leídas en movilizaciones y publicaciones realizadas en redes sociales (136 documentos). De este conjunto de materiales, se revisaron específicamente aquellos referidos a la maternidad. La indagación se complementó con el estudio de las publicaciones realizadas por Desmadre, una organización enfocada en el abordaje feminista de la maternidad. En total, se analizaron en profundidad 16 documentos para este período. La selección de fuentes se fundamenta en la singularidad de cada ciclo: si en los años ochenta la revista feminista fue un instrumento central (Bentancor y de Giorgi, 2024), en la actualidad la comunicación se realiza principalmente mediante documentos breves divulgados en redes sociales.

La información recopilada se codificó y organizó conceptualmente siguiendo las técnicas propuestas por Juliet Corbin y Anselm Strauss (2002)1, y se realizó un análisis interpretativo apoyado en los debates feministas (Verd y Lozares, 2016). El trabajo se estructura en cinco dimensiones, que surgieron del diálogo entre el material empírico y los conceptos provistos por la teoría: la maternidad como mandato, las relaciones entre maternidad y trabajo no remunerado, los modelos de cuidados, las rebeldías feministas y las relaciones entre maternidad, familia y heterosexualidad.

4 Las mujeres y el mandato de la maternidad

Si bien la maternidad no ocupó el centro de los debates feministas de la década de los ochenta, la reflexión sobre el tema fue profunda y se extendió durante todo el ciclo de movilizaciones. En los distintos medios se observa una crítica aguda y potente en términos conceptuales, que enfrentó uno de los mitos de mayor arraigo en la cultura patriarcal: la identificación de la mujer con la madre y, junto con ello, la justificación de su confinamiento a la esfera doméstica (Badinter, 1980/1991; Lagarde, 1990/2005).

En 1985, un número monográfico sobre el tema publicado por Cotidiano Mujer iniciaba esta discusión. La figura 1 contiene la ilustración que apareció en la portada de la revista, la cual fue acompañada de una frase de Virginia Woolf y reflexiones del colectivo que sostienen:

Madre, maternal, materno, matriz. Maternidad

Nuestro universo.

La esencia de nuestra especificidad.

El discurso social caracteriza la maternidad como la única función gratificante para la mujer y así nos viene atribuido todo el peso de la responsabilidad en la reproducción como algo nuestro, parte de nuestra específica condición biológica. («Sería mil veces una lástima», 1985, p. 1)

Figura 1 Imagen de portada de número de Cotidiano Mujer sobre maternidad publicado en 1985
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Nota: Tomada de «Sería mil veces una lástima» (1985, p. 1).

La crítica feminista al mandato de la maternidad discutió su naturalización como destino para las mujeres y develó el carácter cultural e histórico de esta construcción. Muchas de las militantes que protagonizaron este ciclo habían leído a Simone de Beauvoir en prisión o durante el exilio, lo que inspiró su reflexión sobre la maternidad (Sapriza, 2021). Como fuera señalado por de Giorgi (2020), el feminismo uruguayo de los ochenta se nombró de izquierda y latinoamericano, por lo que buscó deliberadamente tomar distancia de las pensadoras norteamericanas, cuya obra no circuló entre las uruguayas en este período.

En las notas revisadas, analizan la sanción social que recae sobre el hecho de no ser madre, juzgándolo como anormal y perpetrando la idea de mujer incompleta o frustrada. En este sentido señalan: «pensamos que esta noción, socialmente aceptada, de obligatoriedad de la maternidad, implica una forma cultural de violencia, en la medida que predetermina la vida de las mujeres, sin dejar lugar a opciones personales discrepantes, sancionando a las eventuales transgresoras» («Del mito de la maternidad…», 1986, p. 6). Indican, a su vez, el papel de la socialización desarrollada durante la infancia en la reproducción de los roles de género, y observan la perpetuación de formas de opresión que fueron experimentadas por sus madres sin poder enunciarlo. Refieren a estos aspectos como una «ideología de la domesticidad», naturalizada con tal profundidad que se constituye como una «segunda piel» de las mujeres, lo cual impide vivir y pensarse más allá de ella («Veo, Veo… ¿Qué Ves?», 1984, p. 9).

En el ciclo actual, los discursos feministas coinciden con aquellos de los ochenta en la identificación del mandato de la maternidad y su carácter opresivo. Sin embargo, no ahondan en este asunto, que parece haberse transformado en un sentido común compartido por las feministas. En este contexto, adquirió centralidad la ambigüedad en la experiencia materna (Rich, 1976/2019). La primera referencia a la temática se encuentra en el año 2019, en una proclama de la Coordinadora de Feminismos en ocasión del 8 de marzo: «Estamos en Huelga feminista, porque deseamos deconstruir la maternidad como institución opresiva. ¡Radicalicemos las formas de maternar para construirlas feministas y anticapitalistas!» (Coordinadora de Feminismos UY, 2019). Esto coincide con la aparición pública de Desmadre, la primera organización feminista dedicada específicamente a la maternidad.

A través del texto que acompaña a la figura 2, que se corresponde con un posteo de la cuenta de Facebook de Desmadre Colectiva de Maternidades Feministas (2019), se visualiza el carácter ambivalente de la maternidad: «Maternamos desde el disfrute, desde el amor, desde la alegría, desde el deseo y también en medio del cansancio, el agobio y la culpa. Algunas planificamos ser madres, otras no». Junto con ello, comienzan a aparecer referencias a los linajes femeninos, al destacar el lugar de las madres, las abuelas, las ancestras; este punto marca una diferencia con el ciclo anterior y da cuenta de la influencia teórica de Rich (1976/2019), cuya llegada al Río de la Plata fue tardía2.

Figura 2 Posteo de Facebook de Colectiva Desmadre sobre la ambivalencia de maternar realizado en 2023
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Nota: Tomado de Desmadre Colectiva de Maternidades Feministas (2023).

5 Maternidad y trabajo no remunerado

La construcción de la maternidad como destino natural para las mujeres ha sido clave en la justificación de la división sexual del trabajo, discusión que tomó centralidad en la década de los setenta (Estermann y Muro, 2023). Siguiendo la crítica a la «ideología de la domesticidad» y enmarcadas en un contexto de ingreso masivo de las mujeres al mercado laboral (Arriagada, 2009), las feministas de la década de los ochenta problematizaron la noción de trabajo.

En las revistas de la época, dan cuenta de cómo el trabajo doméstico y de cuidados se atribuye naturalmente a las mujeres, quienes realizan de forma no remunerada e invisibilizada estas tareas, en adición al trabajo remunerado:

[En] la definición de feminidad, por esa armazón de justificaciones ideológicas, es que asumimos como “natural” que el trabajo doméstico esté reservado a la mujer. Es esta ideología la que, al tiempo que corre el velo de la invisibilidad sobre lo que hacemos en la esfera del hogar, recubre a cada mujer con el aura de la domesticidad («Veo, Veo… ¿Qué Ves?», 1984, p. 9).

Se configura así lo que conceptualizan como una doble jornada de trabajo, remunerado y no remunerado. Un aspecto que destaca, particularmente en las notas de GRECMU, es la problematización de las conexiones entre patriarcado y capitalismo, asumiendo que el trabajo no remunerado realizado por las mujeres es una pieza clave en la reproducción del capital, en diálogo con los debates feministas que en ese entonces se dieron a nivel global (Federici, 2018, 2019).

Esto que la mujer trabaja gratis para mantener y reproducir a la fuerza de trabajo (educa, cuida y alimenta a los trabajadores jóvenes y adultos), le está ahorrando a la empresa y al Estado ese gasto. Entonces, con su trabajo de amor, la mujer está aumentando las ganancias del capital. Por tanto, correspondería a este financiar el salario al ama de casa a través de un impuesto que el Estado administre. («La solución es el salario», 1984, p. 8)

En esta lectura, se evidencian los aportes de pensadoras latinoamericanas, como es el caso de Larguía a partir del concepto de «trabajo invisible» (Estermann y Muro, 2023), y la propia Suzana Prates, socióloga e integrante de GRECMU, quien contribuyó a conceptualizar el espacio doméstico como espacio productivo, informal e invisibilizado (de Giorgi, 2020).

Las disputas abiertas en los ochenta tuvieron sus frutos en el movimiento contemporáneo, que parte de la desnaturalización de la labor reproductiva de las mujeres. Si bien la cuestión del trabajo remunerado y no remunerado continúa siendo nodal en los feminismos, los debates parecen haber dado un giro hacia la centralidad de la vida (Federici, 2019/2020; Gutiérrez Aguilar, 2017). Esta conceptualización jerarquiza el problema de los cuidados y permite trascender la escisión entre lo productivo y lo reproductivo, en tanto que ambas esferas se imbrican en el sostén de la vida. En este sentido, la proclama del 8 de marzo de 2023 elaborada por Tejido Feminista señaló lo siguiente: «queremos que nuestros esfuerzos y energías dejen de ser fuente de riqueza para otros, que todos los trabajos sean para cuidar y sostener vidas dignas y gozosas» (tejidofeminista.8m, 2023). Se presenta al cuidado como una categoría amplia, que implica la interdependencia e incluye tanto a lo humano como a lo no humano, y se reclama el disfrute y la revalorización de la tarea como aquello que sostiene y reproduce la vida. En la figura 3 se sintetizan algunas de las consignas en torno a los cuidados que se presentan en el ciclo actual.

Figura 3 Posteo de Instagram de Tejido Feminista con una de las consignas del 8M de 2023
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Nota: Tomado de tejidofeminista.8m (2023).

6 La madre maravilla

Desde la década de los ochenta, los feminismos han identificado en las ideas sobre el amor e instinto materno el fundamento del mandato que coloca a la maternidad como destino para las mujeres. Desde este discurso, se sanciona la dedicación y el disfrute de otras actividades y se impone un modelo de cuidado basado en el sacrificio y la abnegación, que sacraliza la renuncia y la postergación personal (Badinter, 1980/1991).

Las feministas uruguayas de los ochenta identificaron esta ideología y denunciaron su carácter violento, poniendo en palabras las frustraciones e incomodidades que experimentaron quienes eligieron salir del hogar para dedicarse a otros proyectos. Al igual que en otros países de la región (Galaz Valderrama et al., 2023), la militancia fue vivida con culpa por aquellas que sintieron insatisfacción con la domesticidad impuesta. Esto se expresa con claridad en una de las notas de Cotidiano Mujer:

Muchas veces vivimos la frustración entre los modelos transmitidos e idealizados y la realidad cotidiana de los renunciamientos. El modelo de la madre que se nos transmite: ocupada en limpiar, en cocinar, en atender a los hijos, «feliz» en el hogar, está muy lejos de la realidad. La realidad es el trabajo no reconocido y tampoco remunerado al servicio de la familia. El sentido de culpa que vivimos cuando intereses específicos nos llevan fuera de casa y dejamos los hijos. («Sería mil veces una lástima», 1985, p. 1)

En ese sentido, es importante recordar que las feministas de los ochenta eran «dobles militantes» (de Giorgi, 2020); combinaron la participación en espacios de mujeres y feministas con la inserción en espacios de izquierda poco comprensivos con las maternidades, en los cuales debieron probar repetidamente su compromiso dedicando largas horas y asumiendo múltiples tareas. Junto con ello, la necesidad de insertarse en el mundo laboral profundizó el agobio doméstico y los sacrificios. En 1985, La Cacerola hace referencia a la mujer maravilla, tal como se visualiza en la figura 4, dando cuenta de la dificultad de conciliar el empleo con las tareas domésticas y de cuidados, y la frustración que se vivencia al no lograr satisfacer las demandas que el modelo impone. Para ellas, el ingreso masivo de las mujeres al mercado laboral no alivianó el mandato de la domesticidad, sino que lo sostuvo:

La ideología de la domesticidad que desde pequeñas hemos absorbido nos hace sentir culpables por descuidar casa y familia. La presión para ser una madre abnegada y una eficaz ama de casa está reñida con la jornada de 8 horas. Y no puede fallar al ideal de la Mujer-Maravilla, la malabarista de las horas y la plata. («¡Hola, Mujer Maravilla!», 1984, p. 3)

Figura 4 Imagen de nota en La Cacerola sobre mandatos de las mujeres publicada en 1984
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Nota: Tomado de «¡Hola, Mujer Maravilla!» (1984, p. 3).

En el ciclo actual, la crítica al modelo de la madre abnegada se complejizó a partir de la comprensión de los múltiples roles que se exigen a las mujeres: «queremos deconstruir los modelos de maternidad que nos propone el patriarcado: la maternidad como única forma de realización personal, la madre maravilla, abnegada, omnipotente, y a la vez exitosa, inteligente, alegre y sensual» (Desmadre Colectiva de Maternidades Feministas, 2019). Esto sucedió en un contexto en que los debates feministas sobre la maternidad se han profundizado. Textos de amplia circulación entre las militantes pusieron en evidencia la emergencia de nuevos mandatos, que combinan la imposición de ser una madre abnegada con la exigencia de ser exitosa profesionalmente y cumplir estándares hegemónicos de belleza (Vivas, 2020). En el texto analizado, la utilización del término «madre maravilla» muestra los hilos de continuidad con el ciclo de los ochenta. En el contexto actual, el modelo de la madre abnegada no se quiebra, sino que se profundiza a partir de la incorporación de múltiples exigencias, que amplían y renuevan las opresiones hacia las mujeres (Odizzio López, 2019).

7 Desobedecer el mandato

Para las feministas uruguayas de los ochenta, la desobediencia al mandato fue el reclamo de una maternidad elegida, tanto en términos de la decisión de ser o no ser madres, como en lo que refiere al modelo de maternidad. En cuanto a la decisión de la maternidad, las notas de Cotidiano Mujer enuncian esta posibilidad. Abordan la sexualidad desligada de la reproducción, reivindican la búsqueda de placer, afirman la importancia del uso de anticonceptivos y abogan por el autoconocimiento del cuerpo femenino (Fry et al., 2024). El cuestionamiento del mandato de la maternidad significó también asumir la lucha por la legalización del aborto, que comenzó a perfilarse como un tema relevante hacia el final de la década (Rostagnol, 2018).

Sin embargo, el aspecto que cobra mayor visibilidad en los textos de la época es el reclamo de otras formas de maternar. Para muchas militantes, la rebelión no fue contra la maternidad en sí, sino contra el mandato de la madre abnegada y postergada, que encuentra satisfacción en la dedicación plena al hogar, contra la sobrecarga y el agobio. Reclaman mayor dedicación de los varones a las tareas de cuidados, así como participación de las mujeres en los espacios públicos. Se enuncian «dispuestas a no renunciar a nada, ni a los hijos ni al protagonismo social, ni a la igualdad en el trabajo. Dispuestas a asumir la corresponsabilidad de todo» («Libres en la maternidad», 1987, p. 5). En la figura 5 se observa la centralidad que adquirió la tematización en torno a la maternidad en la portada por el 8 de marzo de 1986.

Figura 5 Portada de Cotidiano Mujer para el 8 de marzo de 1986
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Nota: Tomado de «8 de marzo de 1986» (1986, p. 11).

Los deseos colectivos del ciclo actual se conectan con los anteriores, en tanto se busca que la maternidad sea una opción, y que también lo sean las formas de maternar. En cuanto al primer asunto, es posible observar en los escritos de los distintos espacios de articulación feminista una reivindicación sobre la importancia de hacer efectivo el derecho al aborto3, así como también un compromiso con las luchas por su legalización en América Latina, que se renovó en el contexto de la «marea verde» Argentina. La proclama del 8M del 2019 de la Intersocial Feminista manifiesta:

PARAMOS Y MARCHAMOS para reivindicar la libertad sobre nuestros cuerpos, para elegir cómo y cuándo ser madres, o elegir no serlo y para decir basta de violencia obstétrica. Para exigir servicios de aborto en todo el país, accesibles y respetuosos para todas, cualquiera sea nuestra nacionalidad. Para solidarizarnos con las niñas, adolescentes y mujeres de todo el continente: ¡ABORTO LEGAL YA EN TODA AMÉRICA LATINA! (Intersocial Feminista, 2019, párr. 9)

Por su parte, la lucha por construir formas más libres de vivir la maternidad ha sido central en el ciclo actual, registrándose continuidades e innovaciones frente al legado de los ochenta. Mientras en el ciclo anterior el foco se encontró en la posibilidad de escapar del modelo de abnegación materna y asumir otros proyectos, en el ciclo actual esto se combina con la enunciación de otros modos de criar y cuidar, que incorporan el disfrute de esta experiencia:

Buscamos construir formas más libres de vivir esta experiencia […] aprendiendo a cuidar sin descuidarnos, a separar amor de sacrificio. Deseamos desbordar el cauce maternal contenido por el patriarcado. Queremos pensar las crianzas como experiencias colectivas. Proponemos radicalizar las maternidades, construirlas feministas, antipatriarcales y anticapitalistas. (Desmadre Colectiva de Maternidades Feministas, 2019)

Tanto en los textos producidos por Desmadre como en las proclamas revisadas, comienzan a nombrarse formas más libres y respetuosas, más gozosas y menos sacrificadas de vincularse con los/as hijos/as. La palabra «cuidados» adquiere centralidad en referencia a las infancias y las personas que maternan, frente al modelo de abnegación, hay un esfuerzo por poner los vínculos y el cuidado mutuo en el centro, entendiéndolos como un aspecto clave para la reproducción de la vida (Federici, 2019/2020). Junto con ello, se hace referencia a la necesidad de ensayar crianzas más colectivas, visibilizando la red que las sostiene, en sintonía con lo ocurrido en este período en la región (Felitti, 2016). Desde allí, se busca contestar al modelo de crianza encerrado en el hogar, desarrollado en soledad con las madres como encargadas exclusivas de su reproducción: «queremos criar con las puertas de las casas abiertas. Deseamos que cuidados sea una palabra que teje red, y no una que recae exclusivamente sobre quienes maternamos» (Tejido Feminista, 2022). Se plantean así nuevas formas de maternidad y crianza que trascienden el espacio privado, dando cuenta de su carácter público, político y colectivo. Las perspectivas feministas contemporáneas sobre las maternidades plantean un modo de maternar que cuestiona al sistema patriarcal, performando prácticas transformadoras (Romero Guzmán, 2019; Romero Guzmán et al., 2019).

8 Maternidad, familia y heterosexualidad

Uno de los aspectos que destaca —⁠⁠y marca un quiebre entre los temas que pudieron politizarse en los ochenta y aquellos que se abrieron en el ciclo actual⁠⁠— son las referencias a las identidades sexo genéricas y los arreglos familiares asociados a la maternidad. En los textos analizados para aquel período, la maternidad se conecta con la carga de trabajo no remunerado y ello con el rol de los padres varones, con quienes comparten el hogar y las familias heteronormadas. En la figura 6 se presenta una ilustración humorística que da cuenta de esta configuración.

Figura 6 Imagen de viñeta humorística publicada por Cotidiano Mujer en 1986
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Nota: Tomado de «Para ti mamá» (1986, p. 2).

Si bien el divorcio era una práctica extendida en Uruguay en ese período (Cabella, 1991) y tematizada por las feministas, en las notas vinculadas a la maternidad no se identifican referencias a madres solteras o estructuras familiares no heteronormadas. La experiencia más visible es la de las mujeres que convivieron con varones en arreglos heterosexuales, y experimentaron el agobio doméstico producido en ese marco.

Tampoco aparecen en escena las lesbianas ni las personas trans que ejercen la maternidad. El cuestionamiento del «silogismo mujer-madre-reproductora» («Libres en la maternidad», 1987, p. 5) condensó las críticas a la construcción de la femineidad imperante en la época y permitió recuperar a la mujer más allá de la reproducción. Sin embargo, no hubo entonces una ampliación del significado de ser mujer que interpele abiertamente a la heteronormatividad, como sí se observa para el período actual. Esto se relaciona con las dificultades que se experimentaron en Uruguay para politizar la sexualidad más allá de la heteronorma, y específicamente con la invisibilización del lesbianismo durante la década estudiada (de Giorgi, 2020). En este sentido, Diego Sempol (2013) señala que, durante estos años, la asociación entre feminismo y lesbianismo fue una forma de estigmatización y patologización. Por este motivo, eligieron nombrarse como mujeres —⁠⁠madres⁠⁠— casadas para revestir de legitimidad al movimiento y a sus militantes. Un testimonio recogido por el autor da cuenta de ello; en la entrevista que realiza a Carmen Tornaría, integrante del Plenario de Mujeres de Uruguay (PLEMUU), la militante expresa:

El feminismo y el lesbianismo eran absolutamente identificables, por lo que me acuerdo que tuvimos que desarrollar una técnica, yo en general era la que daba las charlas iniciales de sensibilización sobre el tema del feminismo, entonces… tenía que decir «Soy Carmen Tornaría, soy casada, tengo cuatro hijos» […] y yo sentía como un ruido de alivio en el público, y ahí me prestaban atención. De lo contrario estaban mirándome como tá, esta debe ser una lesbiana que viene acá a «alborotarnos» y a «quebar la paz» de nuestros hogares. (en Sempol, 2013, p. 137)

Desde los años ochenta, los feminismos del Norte han interpelado la categoría «mujer» como constructo universal que subsumía distintas experiencias, mostrando la imbricación entre las opresiones de género, clase y raza (Gil, 2011). Estos debates fueron muy influyentes en las movilizaciones latinoamericanas contemporáneas (Millán, 2020; Palomar Verea, 2005), y contextualizan las transformaciones registradas en el feminismo uruguayo.

Tanto en el discurso de Desmadre como en las proclamas públicas de los espacios de articulación feministas, se desborda la categoría mujer para incluir a otros sujetos que maternan, a modo de ejemplo ver la figura 7. Las disidencias son nombradas en primera persona, tomando distancia de la mirada biologicista y apelando a lo que hay de común y de diverso en las múltiples formas de experimentar la maternidad, en sintonía con la ampliación del sujeto político que se dio en este período (Casanova, 2022).

Figura 7 Posteo de Facebook del colectivo Desmadre en el marco del 8M del 2022
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Nota: Tomado de Desmadre Colectiva de Maternidades Feministas (2022).

Junto con ello, comenzaron a nombrarse arreglos familiares que escapan de la familia heteronormada. En la presentación de Desmadre, aparece el siguiente texto:

Somos mujeres, feministas, madres, trabajadoras, hijas, que nos reunimos desde hace casi dos años a compartir, pensar y dialogar sobre nuestras diferentes vivencias de la maternidad y las interpelaciones en torno a ellas. Somos múltiples y cambiantes, lesbianas, hetero y bisexuales. Somos colectiva viva, abierta y en construcción. Nuestras formas de amar son diversas. […] Entramadas en las luchas feministas buscamos interpelar el orden social que hace de la maternidad una institución opresiva, encerrada dentro de los límites de la familia tradicional u otros arreglos familiares que reproducen el aislamiento y el agobio. (Desmadre Colectiva de Maternidades Feministas, 2019)

9 Reflexiones finales

La maternidad constituye uno de los pilares sobre los que se estructura la dominación patriarcal, en tanto que define roles y expectativas que constriñen la experiencia de las mujeres. Para el feminismo uruguayo, este ha sido un asunto relevante tanto en la década de los ochenta como en el ciclo actual. En ambos contextos, intervino en el debate público a partir de formulaciones que pusieron en diálogo lecturas teóricas y experiencias situadas.

La revisión comparada de ambos períodos pone de relieve la existencia de potentes legados que, si bien no siempre se reconocen en forma explícita, nutren con experiencias pasadas las luchas del presente. El ciclo de los ochenta abrió, por primera vez en Uruguay, un profundo cuestionamiento al mandato de la maternidad como destino para las mujeres, nutrido por la lectura de Simone de Beauvoir (1949/2021). En diálogo con los debates que en ese entonces se extendieron en América Latina, denunció la sobrecarga de trabajo no remunerado asociado a esta institución y se rebeló contra el modelo de la madre abnegada, enfrentando la cultura patriarcal arraigada en todos los niveles, incluyendo el debate dentro de las familias y en las propias izquierdas (de Giorgi, 2020).

Estos aprendizajes fungen como sustento de los reclamos contemporáneos. Ayer y hoy, los feminismos uruguayos luchan por maternidades más libres, donde sea posible elegir ser madres o no serlo, y decidir de qué modo cuidar y criar. En los ochenta, eso significaba reclamar la posibilidad de conciliar la maternidad con otros proyectos, de cuidar con más apoyos y menos sacrificios. Hoy se agrega a ello la enunciación del deseo, que permite mirar la maternidad más allá de los límites de la institución patriarcal y reconocer las posibilidades de disfrute asociadas a esta experiencia. El reconocimiento de esta ambigüedad se nutre de discusiones formuladas en el Norte en los años ochenta (Rich, 1976/2019), a la vez que las reelabora atendiendo a la singularidad del contexto.

Junto con estas aperturas, los feminismos uruguayos de los ochenta afrontaron importantes límites. Si bien lograron decir, en términos teóricos, que la maternidad no era el único destino, no hubo posibilidades de enunciarse más allá de ella. Nombrarse como mujeres-madres-casadas era fundamental para dar legitimidad a sus palabras, por lo que en términos discursivos no se distanciaron de esta categoría. Posiblemente, esto se relacione con el contexto histórico que vivieron. Muchas de las que protagonizaron ese ciclo habían iniciado su militancia a fines de los sesenta, en organizaciones revolucionarias que, acusadas de inmoralidad por las fuerzas represivas, exaltaron los valores familiares y la heterosexualidad (Sapriza, 2021). En este escenario, la apelación a la maternidad y, junto con ella, a la heterosexualidad, fue el puente para dialogar tanto con la izquierda como con las mujeres a las que quisieron llegar.

Influenciados por debates globales y regionales (Millán, 2020), los feminismos uruguayos contemporáneos han logrado nombrar la maternidad más allá de la familia heteronormada, haciendo referencia a la existencia de múltiples arreglos familiares y sujetos que maternan. Reclaman otras formas de crianza, que pongan en el centro el deseo y el cuidado mutuo, que se tejan en redes colectivas y permitan salir del encierro doméstico. Sin embargo, en la práctica estas aspiraciones resultan difíciles de concretar, en contextos signados por la precarización de la vida y la sobrecarga de tareas que recae sobre las mujeres y sujetos que maternan.

10 Financiamiento

El artículo recoge parte de los resultados obtenidos en el Proyecto I+D de investigación «Hacia un pensamiento propio. La producción de ideas feministas del sur entre el movimiento y la academia en el Río de la Plata», financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica de la Universidad de la República, Uruguay, para el período 2023–2025.

11 Contribución de autoría

Mariana Fry: redacción –⁠ revisión y edición; redacción ⁠– borrador original; conceptualización; análisis formal; obtención de financiamiento; investigación; metodología.

Mariana Robello: redacción –⁠ revisión y edición; redacción ⁠– borrador original; conceptualización; curaduría de datos; análisis formal; metodología.

Elisa García: curaduría de datos

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