Athenea Digital. número 9- primavera 2006

Cabruja, T. (ed.) (2005)
Psicología: perspectivas deconstruccionistas. Subjetividad, psicopatología y ciberpsicología. Barcelona: EDIUOC.

ISBN: 84-9788-154-0



Anna Torrent Jerez
Universitat de Girona
anna.torrentj@udg.es

 

Las cosas son o parecen ser de una determinada manera y con unas características particulares. Es muy interesante tomar conciencia, pero, que podrían ser de otra manera y con otras características especiales. ¿Pero por qué son como son? La explicación la encontramos en el hecho de que son o han sido fruto de unos procesos sociales, culturales e históricos específicos, los cuales, a su vez, podrían haberse configurado con unos rasgos distintos. De esta inevitable influencia no se escapa ningún elemento, teoría o disciplina, cuya creación, desarrollo o existencia se dio lugar arropado por unos parámetros sociohistóricos y culturales concretos. Entre ellos, como no, no se escapa ni la Psicología.

Es por ello muy interesante plantearse que la Psicología, la cual durante muchos años ha sido gobernada por el paradigma positivista, ha sido mostrada (y es, con mucho pesar) de una determinada manera y está sustentada en unos determinados fundamentos, los cuales no están exentos de valores y construcciones socioculturales y que responden a unas circunstancias específicas. Así, ensanchando esta pequeña brecha de cuestionamiento al “incuestionable” carácter científico de la psicología es posible dar lugar a la crítica, a la deconstrucción y a la propuesta de nuevos planteamientos.

Dar voz a las iniciativas que están luchando día a día por ampliar la brecha del monolito hegemónico de la psicología positivista y por problematizar algunos de sus pilares claves, es el propósito de este libro, lo cual lo hace a través del enfoque de la psicología crítica, dando cuenta de las aportaciones feministas y socioconstruccionistas.

El objetivo del primer capítulo, “Introducción al desarrollo sociohistórico del conocimiento psicológico científico. Sociedad, historia, psicología y conocimiento”, tal como manifiestan sus autoras Teresa Cabruja y Ana Isabel Garay, es “introducir pistas para pensar de una manera diferente lo que con frecuencia se nos ha ido presentando como desarrollo histórico y procesos constituivos de la psicología.” (Cabruja i Garay, 2005: 17).

La psicología como tal ha sido construida como una disciplina científica, racional, objetiva, omitiendo el carácter sociohistórico, tanto de sus objetos de investigación como de la propia institución científica donde está inscrita. Es por ello que las autoras invitan a hacer un recorrido por el proceso de institucionalización y disciplinarización de la psicología científica, ya que este proceso le ha permitido ocupar un lugar de predominancia y hegemonía a través de, en primer lugar, su presencia mayoritaria en los manuales de psicología y su difusión en el ámbito académico, y en segundo lugar, a su carácter productivo y regulativo.

Estas “pistas” para un pensamiento alternativo nos las ofrecen a través de ciertos movimientos que han aparecido estas últimas décadas como la epistemología crítica feminista, el socioconstruccionismo o algunas corrientes de la psicología contemporánea que intentan resquebrajar la aparente solidez del pensamiento psicológico científico. El primero, sacando a la luz los sesgos androcentristas, sexistas y étnicos que han acompañado la producción de conocimiento desde sus inicios. El segundo, trasladando el lugar de conocimiento de la mente del sujeto a los espacios intersubjetivos. Y los terceros, aportando nuevas métodos como la filosofía interpretativa, la historia y la antropología, de las cuales las autoras han querido destacar el método genealógico de Michel Foucault, el método deconstruccionista de Jacques Derrida y el papel de la relación individuo-sociedad en la formación de la subjetividad de Norbert Elias.

Estructuras y desarrollo de la psicología científica moderna y los cambios posteriores. La cuestión del método y el nuevo modelo de sujeto investigador profesional” es el título del segundo capítulo. Su autora, Pilar Albertin, explora dos grandes temas. En primer lugar, y haciendo referencia cuestiones más metodológicas, examina la controversia entre metodología cuantitativa y metodología cualitativa, presentando sus principales características y rasgos diferenciales así como los diferentes métodos que se suelen adoptar desde cada una de estas perspectivas.

En segundo lugar, se atiende a la cuestión de las características básicas del conocimiento psicológico, ofreciendo una explicación alternativa al tradicional enfoque positivista de conceptos como “objetividad”, “objeto de estudio” o “acceso a la realidad”, desde una postura construccionista. La autora pone énfasis en la necesidad de hacer una práctica reflexiva, es decir, de desarrollar una actitud de cuestionamiento de las condiciones de construcción del conocimiento científico y de toma de conciencia de los efectos que produce el investigador en la investigación. Lo que se llamaría también reflexividad. Además, ofrece diferentes recursos fundamentales para ejercer esta práctica reflexiva. De hecho, los sujetos tenemos una capacidad autoreflexiva que nos permite situarnos tanto como “sujeto que investiga” como “sujeto que es investigado”. Ello representa hacer visible “nuestra presencia, nuestros actos, nuestras emociones en relación con los demás sujetos-objetos con que nos implicamos” (Albertín, 2005:96) y ser capaces no tan sólo de cuestionar sino también de cuestionarnos. Por último, la autora atiende a las aplicaciones e implicaciones que representan el poner en práctica la reflexividad en la investigación e intervención psicológica y social, haciendo un recorrido por los diferentes modelos de investigación y de intervención, qué significa ponerlo en práctica y qué efectos derivan de ello.

En el tercer capítulo, Teresa Cabruja nos adentra en la aventura de problematizar y contextualizar uno de los ejes básicos de la disciplina psicológica. Como bien apunta en su título“Psicología, racionalidad moderna y prácticas de producción de la diferencia normal-patológico. Propuestas de deconstrucción y problematización”, la autora hace referencia al binomio normal-patológico, alrededor del cual giran la gran mayoría de conceptos pilares de la psicología, como “El del desarrollo considerado adecuado o normal de la infancia, el de la adaptación al medio sociocultural del que provienen o en el que hacen vida la personas, el de la capacitación laboral, el de las propias motivaciones, deseos o comportamientos, el de las fantasías y esperanzas” (Cabruja, 2005:115).

En una disciplina como la Psicología las implicaciones que se derivan de lo que es considerado adecuado o normal, y lo que es considerado desviado o patológico no son para nada inocuas, ya que de ello se construyen las prácticas para “reencaminar”, “corregir” o excluir. Tanto el camino para el establecimiento de lo que es normal o no, es decir, el camino de la normalización o la patologización, así como el de su mantenimiento, están situados en una red de relaciones de poder y de mecanismos de disciplinarización y control.

A partir de aquí, la autora atiende temas no tan sólo como la definición de la locura y la salud mental, y por ello se remite a las condiciones sociohistóricas del desarrollo de la psicología y la psiquiatría, así como a la problematización de la institución psiquiátrica y la prácticas de encierro que encontramos en las aportaciones desde la perspectiva antipsiquiátrica y la psicología crítica; sino también temas como la patologización de la mujer y lo femenino (con un interesante ejemplo de la patologización del ejercicio de la maternidad) y la construcción de las diferencias de sexo-género. Cabe destacar las contribuciones que se han hecho al respeto desde posturas feministas para visibilizar el sesgo sexista que tiene lugar en un contexto tan delicado como poderoso como es el de la psicoterapia.

Creo que es muy interesante la voluntad de la autora en remarcar lo trascendente que puede resultar el tomar conciencia de todo esto, sobretodo por las personas que se dedican al ejercicio de la psicología, ya que a partir de aquí es posible el llevar a cabo una práctica e intervención psicológica y social más comprometida con las desigualdades sociales y la transformación social.

Finalmente en el cuarto capítulo, encontramos la inmersión que nos ofrece Ángel Juan Gordo en las aportaciones desde la ciberpsicología. En “Nuevas tecnologías de la información y conocimiento psicológico. Sociogénesis de la ciberpsicología”, el autor toma como punto de partida el impacto o efectos que ejercen las nuevas tecnologías de la comunicación (Internet por excelencia) en el resto de las facetas humanas y sociales, y como inevitablemente debe dar lugar a nuevas formas de relación, de comunicación e incluso de asesoramiento psicológico.

El autor plantea que desde los inicios de la historia de Occidente, la tecnología y la psicología no han estado tan distantes entre si, en el sentido de que hemos ido recurriendo a las analogías humano/máquina y haciendo uso de analogías y metáforas tecnológicas para explicar el funcionamiento de la mente humana. Con la Revolución Industrial como contexto y con la visión de que el cuerpo debe parecerse el máximo posible a una máquina, en términos de producción, empieza a concebirse la tecnología como “una posibilidad de reducir la distancia y el tiempo, más que como un mero acoplamiento o extensión del cuerpo” (Gordo, 2005:178) y a barajar la posibilidad de naturalizar lo tecnológico. El punto culminante de esta historia de analogías biotecnológicas lo encontramos en la concepción de los espacios cibernéticos como extensión cognitiva de nuestras mentes y en el sujeto ciborg que se nos ofrece desde la ciberpsicología.

El autor destaca los recientes trabajos desde la psicología crítica que ponen de manifiesto el creciente interés por la conexión entre psicología y cibercultura, sobre la relación entre la psicología y las redes de poder tecnológico, o entre la tecnología y la formación de subjetividades.

El recorrido termina con una aproximación a las ciencias ciborg y a los movimientos posthumanos así como una reflexión sobre las posibilidades y aplicaciones de la ciberpsicologia.

Finalmente, me gustaría añadir que, por el carácter innovador de los temas que lo forman, Psicología: perspectivas deconstruccionistas se convierte en un libro de lectura indispensable y placentera, sobretodo para los que, tras años de una formación psicológica aplastantemente numérica y con pretensiones de científica y universal, sienten que hay demasiadas piezas sin encajar. Los que sienten que tienen un pequeño guisante debajo los colchones que no les permite dormir en paz el sueño positivista.