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Athenea Digital - num. 7 primavera 2005-

Hacia una problematización de la noción convencional del suicidio: El suicidio en el contexto de la vida

Mª del Mar Velasco Sall

salles07@hotmail.com

 

Este trabajo de investigación se compone de momentos. Momentos construidos por voces de disciplinas y contextos distintos.

Momentos cargados de encuentros que a fin de cuentas, son los que posibilitan, a través de la palabra, el itinerario que estamos por recorrer.

El afán de trabajar con el tema del suicidio me surge del ánimo de problematizar la noción convencional del suicidio. Poniendo en juego conceptos que me permitan darle movimiento a la pregunta sobre éste, intentando diluir la contraposición entre suicidio y vida. Con el deseo de introducir nuevos elementos de análisis para discutir sobre algunas de las condiciones desde las que emerge nuestra capacidad de actuar, lo cual, más que a pensar sobre la muerte, me ha ido llevando a plantearme aspectos sobre las formas en que se puede llegar a producir el morir de nuestros intentos y deseos en la vida cotidiana.

Contexto que dispuesto así, constituye para mí un medio desde donde abrir nuevos diálogos, tejiendo las redes del saber en estrecha relación con las prácticas cotidianas.

Aclaro que lo que a lo largo del trabajo planteo no es opuesto a nada, simplemente pretendo crear nuevos espacios de posibilidad, donde poner en cuestión los ritmos de eso que llamamos vida. El vivir no corre en un solo sentido, está lleno de vías que se acercan, se cruzan y convergen, que corren paralelas y nunca se tocan aunque parezcan cercanas. De sentidos que se entrelazan y se sujetan, habiendo algunos que se mezclan en un entramado invisible que conduce a la libertad.

Vida y muerte, consciente e inconsciente, matices de un mismo proceso con expresiones distintas. Expresiones que durante el proceso de elaboración de este trabajo, he vivido con alegría y entusiasmo, así como con incertidumbre al intentar moverme por los hilos que corren entre la multiplicidad de historias.

Uno de los pilares que sostienen el talante crítico al que me adhiero, es el ánimo de reflexión situado en un diálogo enmarcado por espacios de producción de conocimiento que fracturen lo aparentemente incuestionable, las verdades intocables y asumidas de forma natural Para esto, me sitúo en el espacio de saber y hacer de la psicología social crítica. Desde donde he encontrado espacio para proyectar mis preguntas mirando de una forma distinta.

 Confeccionando así mi propósito, es como me planteo la problematización del abordaje convencional del suicidio desde el proceso, y no desde el acto, descripción o mera categorización. Proceso que evidentemente puede tener como desenlace la muerte, la cual, curiosamente suele ser el punto de partida común del interés de gran parte de los estudios sobre el suicidio. Contabilizando muertes y acumulando datos estadísticos. Desmarcando de la trama, la pregunta sobre las dimensiones subjetivas e intersubjetivas, articuladas y puestas en juego, dentro de unas relaciones de poder cada vez más sofisticadas. Desde donde se cobran muchas vidas (muerte subjetiva), así como también muchas muertes (muerte física).

La reiterada necesidad, tanto de la ciencia como de otros saberes hegemónicos, de apadrinar y equiparar el acto del suicidio con cualquier tipo de locura, deficiencia psíquica o social, me desconcierta. Me inquieta pensar sobre los efectos que esto ha tenido en la construcción de las verdades sobre el suicidio. Pero sobre todo, me duele reconocer el sufrimiento, la desigualdad y el malestar que las realidades del saber sobre el suicidio, producen en quienes se vuelven subjetivables a partir de ahí.

Todos estos, motivos suficientes para tirar hacia adelante con mi deseo por construir nuevas miradas acerca del suicidio desde la psicología social crítica.

Pues bien, con motivo de esta presentación lo que haré será un recorrido por cada uno de los momentos que enlazan este trabajo.

Históricamente, el suicidio ha sido un tema poco acostumbrado a construir su realidad de otra forma que no sea a partir de la retórica de la verdad, encarnada por el saber filosófico, religioso, médico, sociológico y psicológico entre otros.

Trazar un pasaje del universo simbólico y hegemónico sobre el suicidio dentro de contextos y momentos históricos diversos, me permite mostrar, cómo se ha entendido y desde dónde se ha pensado éste.

Preocupando lo que más actualmente, lograr invisibilizar el acto, y por tanto al sujeto que lo lleva a cabo. Es esta concepción reduccionista del suicidio como asunto perteneciente a la patología, la que lo condena desde un primer momento a las sombras de una maldición aparentemente inabordable. Tal parece que el papel que se atribuye hoy en día a su comprensión, tras siglos de deambulación errática en manos de la Iglesia como uno de los peores pecados a castigar y de la Justicia como crimen, es ahora exclusivamente al de una enfermedad, o síntoma final de un proceso patológico. Como si al hablar de suicidio, estuviéramos aludiendo al fruto malsano de una enfermedad que como tal debe ser enfrentada médicamente y reducida a la “autopsia” del hecho.

El cientificismo en el que vivimos es insostenible por sí solo y ya sabemos que existen cada vez más evidencias de lo que no se puede abordar de este modo.

Dejando de lado lo fantasmagórico, nosotros mismos no sabemos realmente quiénes somos y hasta dónde podemos llegar, qué cosas pasamos por alto como imposibles o qué creemos que es simple y absolutamente definitivo. Por esto, quiero establecer una ruptura radical de la polarización y disimetría en que la ciencia ha instalado la pregunta sobre el suicidio. Ciencia que más allá de intentar articular el proceso en que se produce y construye, ha venido juzgando las causas del acto.

Si continúo en esta línea, se puede ver ésto como un elemento característico del pensamiento occidental, el que si no se le puede observar, tocar y repetir no es válido o existente. Falacia de principios que nos impiden el acceso a un lenguaje fugaz, y a un proceso de pensar vivo.

Sin embargo, hoy por hoy, ¿qué es lo que se condena, el hecho de quitarse la vida, o más bien, el hecho de no saber vivirla?

Y así, continúo el texto con el repaso por dos de las etapas que han conformado parte del proceso de producción de conocimiento sobre el suicidio. Comenzando con el tránsito de éste como objeto de conocimiento del discurso dominante de la psiquiatría.

La enfermedad mental está considerada como el factor de riesgo más importante de suicidio, al cual definen como un problema de naturaleza individual, y causa de acontecimientos aislados. Valoraciones sin contexto y ahistóricas.

Seguido de un recorrido por el estudio sobre “El suicidio” desde la perspectiva sociológica de Emile Durkheim. El cual inaugura el fenómeno del suicidio como posible objeto de conocimiento de las ciencias sociales. Considerándolo un hecho social producto de fuerzas o factores externos al individuo.

Repasado el trayecto por los discursos hegemónicos que construyen los principales modelos de pensamiento sobre el suicidio. Introduzco la pregunta sobre las condiciones de producción normativa de la subjetividad.

Por lo tanto, hablo del poder desde Foucault. Como algo que circula y vincula de diversas formas, y no como algo que está o que posee alguien. El poder como productor de realidad y de saber en todo proceso de subjetivación. Digo esto, en la línea de que todo ejercicio de poder, es a la vez un lugar de producción de saber, y convencida de que quienes experimentamos sus efectos, a su vez contribuimos y formamos parte de su producción.

Para problematizar la forma en que el sujeto se vuelve objeto de conocimiento a partir de la pregunta sobre el suicidio. He tomado en cuenta como uno de los efectos centrales de los juegos que atraviesan el poder a través de la verdad y la verdad a través del poder, la construcción de identidades concretas y señaladas, vueltas objeto de ser conocidas y evaluadas, caracterizando así a cada sujeto en sus particularidades.

Y tomoEl nacimiento de la clínica moderna, como el momento en que la subjetividad del enfermo cede el paso a la objetividad de los síntomas. Síntomas, que más que expresión de un malestar y de unas condiciones de vida, se consideran signos de una enfermedad. Constituyéndose una nueva alianza entre el saber y el dolor, donde la verdad del sufrimiento, no se conoce sino es a través de la designación de la enfermedad.

Para argumentar lo que quiero decir, me valgo del orden médico como régimen que delimita y establece a qué se le puede llamar vida, y a qué se le puede llamar muerte. Por lo tanto, cómo y cuándo deben gestionarse ambas.

Siguiendo con la explicación, se podría pensar que debido a que tanto el médico como el enfermo están atravesados y articulados por el poder a partir de una subordinación inaugural, parten de una condición de sujeto similar. Pero como el proceso de subjetivación va emergiendo ligado a ciertas condiciones de posibilidad relacionadas a la posición hegemónica que va ocupando el sujeto en el discurso, el rumbo que toma su situación de sometimiento produce efectos muy distintos en la vida cotidiana de ambos.

Pudiendo significar en un primer momento, que el sometimiento del enfermo al orden médico sobre la verdad del sujeto, sea su única vía de posibilidad para hacerse de una entrada precaria, pero inteligible. Ilusión socialmente construida y sostenida, que tanto puede dar sentido a su vida como sometimiento ante ella, explicándose a sí mismo a partir de ella. Pero que preso de una versión impermeable y hermética de sí mismo, activa su muerte en el contexto de la vida. Encarnando siguiendo a Butler, una posición identitaria en el discurso como un ideal normativo más y no como un aspecto descriptivo de su experiencia.

Situación que me lleva a la pregunta sobre los límites del saber médico en relación al suicidio. Y a pensar, que más que el acto de la muerte física del cual el discurso de la ciencia nos pretende librar a toda costa, parece que lo que más importe, sea el hecho de que ésta se produzca dentro de un orden, o sea, que tenga lugar y sea reconocible para el saber médico. La anatomía patológica, encargada de poner orden en la enfermedad y la muerte, ¿qué hace en el caso del suicidio?, acto que indudablemente se le escapa de las manos.

Llegado a este punto, introduzco la reflexión sobre elsuicidio en el contexto de la vida. Con el interés en la problematización del sujeto definido desde los bordes del discurso, concretamente del ya conocido como “sujeto suicida”. Sujetos incómodos como los suicidas, objetos de indignación y mancha imborrable en el discurso vigilante de los otros. Ponen bajo sospecha los imperativos intocables de supervivencia y resistencia ante la imposibilidad de inscribirse desde su propio deseo en el orden social. Cuestionan lo establecido como cierto por quien cree “poseer poder” sometiendo, y por quien cree “saber verdad” imponiendo realidad.

En otras palabras, sujetos cuyos deseos circulan enmohecidos y melancólicos por el discurso. O que cuyos deseos no encuentran posada en éste. Colocando la muerte donde no se le esperaba, instituyen en el acto suicidaun orden de posibilidad radical distinto, aunque paradójicamente los lleve a la imposibilidad absoluta, al agujero negro. Desestabilizando así, los discursos de verdad, vinculados al orden simbólico establecido, del contexto en el que invitados o no por fin participan.

A partir de aquí es que me hago la pregunta sobre cómo se puede morir en el intento de vivir correctamente la vida. Para lo cual,desarrollo un apartado sobre el sometimiento radical. Equivalente al cese de la vida subjetiva o muerte del deseo. Articulado a partir del debate sobre el curso del sujeto desde la sujeción. Proceso en el que como señala Butler se da el vuelcodel deseo por la norma como condición de existencia social, como anclaje para ser en la categoría lingüística de sujeto, y así poder ser nombrado y nombrar.

Pregunto pues, cómo es que se puede llegar a la imposibilidad de desmarcarse de la subordinación fundacional, que lleva a dificultar nuevos ritmos y movimientos del deseo. Gestándose así relaciones infiltradas con alta dosis de sometimiento. Las cuales, dejan fuera de los márgenes de la realidad el deseo imposibilitado, el que no entra dentro del orden de lo posible. Relaciones en las que el flujo del deseo queda supeditado al orden simbólico.

Me explico: en la mayoría de las ocasiones el deseo de supervivencia es tal, que como diría Butler, se prefiere “existir en la subordinación a no existir” 1, lo cual puede implicar un riesgo de muerte, aunque de manera distinta. Muerte subjetiva: cuerpo disecado, saturado de significación y de mera exhibición, asesinato diario del deseo que tiene el valor cotidiano de un suicidio. Y sigo a Pablo Fernández Christlieb, para referirme al estado melancólicocomo una nostalgia sin objeto, como si de un exilio interno se tratara. Del cual dice, que es un castigo bastante peor que la muerte, por lo que algunos hacen trampa y escogen el menos peor.

Dicho esto, introduzco la noción de deseo dentro de mis planteamientos, como un espacio de reflexión distinto sobre la pregunta de los límites de posibilidad e imposibilidad desde los que nos inscribimos en el orden del discurso. Sobre los límites, fronteras y estructuras asumidas como infranqueables y como parte de la naturaleza ontológica de los seres humanos. La noción de deseo me invita a pensar en la posibilidad sobre cómo resquebrajar la concepción de un sujeto completo, consciente de sí mismo, sano o enfermo, normal o anormal, que cabe o que ha de quedar necesariamente fuera.

E impulsada por el interés de abrir espacios de posibilidad distintos, trazados en nuevos agenciamientos del deseo como movimiento de resistencia y parte inmanente de la subjetividad.Llego al último momento del texto para pensar en el vivir como espacio de posibilidad.

Espacio desde el cual poder crear resistencia para acceder a condiciones y formas de vida distintas. Aclaro la idea: la resistencia como espacio desde donde poder conectar, y crear dando inteligibilidad al sujeto a través de nuevos movimientos del deseo con otros medios que no sea necesariamente mediante la huella de un acto suicida. Produciendo existencia emocional, al posibilitar inteligibilidad ya no desde la melancolía, sino articulando nuevos agenciamientos del deseo.

Y así, hablo de un posible sujeto de deseo. Producido en la creación de espacios de resistencia y por lo tanto de posibilidad. Desde los cuales poder establecer conexiones y territorios, subvirtiendo el orden simbólico desde nuevos movimientos del deseo.

Planteo pues como posibilidad, la creación de espacios y prácticas de resistencia en el agenciamiento del deseo como proceso de producción en el hilo de la existencia social.

Aclaro que no puedo hablar de dimensiones de posibilidad distintas, sin tomar en cuenta los espacios de resistencia en los que nos movemos y con los que contamos. Espacios en los que se inscribe y articula dicha posibilidad. Ya que antes que hablar de dosis y de prudencia, he de tener en cuenta la configuración, los bordes, los vacíos y los excesos que conforman todo espacio de resistencia.

Así, desde mi lectura de Deleuze, conservando pequeñas dosis de subjetividad siempre necesarias para sortear la realidad dominante, dejándose tocar por ésta únicamente como estrategia Y así conectar, conjugar y continuar. Ampliar el territorio conectando y no abandonado. Ya que precisamente es ése el contexto, el espacio de batalla, son precisamente dichas conexiones simbólicas y discursivas las que se han de mantener abiertas como vías por donde dejar circular el desconocimiento, la sospecha y el asombro. Los caminos irremediablemente se trazan desde ahí, hará falta ceder parte de la existencia, pero es justamente en dicho acto en el que se posibilitarán elaboraciones de algo distinto. Situaciones enmarcadas desde la ambivalencia del sujeto ante el poder, como sujeto determinado por el poder, y como sujeto que determina al poder. Dando la permanente posibilidad de nuevos movimientos, y ciertos procesos de resignificación.

Mi pregunta es sobre la posibilidad.Posibilidad en el intento de desatar los nudos que someten el deseo azotándolo contra los muros de una realidad dominante,con efectos mortales (suicidio físico) y/ o de imposibilidad para muchos 2 (suicidio subjetivo).

En breve y para terminar. Mi compromiso lo sitúo en la búsqueda por abrir espacios de resistencia relacionados con formas de poder que promuevan el cuidado del sujeto, en su más simple y a la vez compleja cotidianidad. Cuidado que vendría a posibilitarse, más que cortando, dejando correr las venas del discurso por donde el deseo pueda ir estableciendo nuevos contactos, nuevas conexiones entre el orden simbólico hegemónico y un lenguaje fugaz. Paliativos médicos, filosóficos, psicológicos, entre otros ya hay bastantes. Señalo esto, para enfatizar que mi preocupación e interés en relación con el tema del suicidio me lleva más que a pensar en estrategias somníferas que enmudezcan las distintas expresiones de la angustia de existir, a contribuir en la producción de conocimiento que vehicule formas y prácticas de vida que hablen de posibilidad en la ruptura, de posibilidad en la incertidumbre.

 

REFERENCIAS

Butler, Judith. (1997). Mecanismos psíquicos del poder. Valencia: Cátedra. 2001


1. Butler, J. (1997). Mecanismos psíquicos del poder. Valencia: Cátedra. 2001. p. 18.

2. Como puede ser la situación en los campos de concentración, el sometimiento y abuso en que suelen articularse las relaciones de género, entre otros ejemplos.

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