Untitled Document Athenea Digital. número 7- Primavera 2005

Butler, Judith (1997)
Lenguaje, poder e identidad. Madrid: Síntesis. 2004.



David Córdoba García
david.cordoba@campus.uab.es
Universitat Autònoma de Barcelona

 

Judith Butler se ha convertido sin duda en una referencia ineludible para quién pretenda hoy pensar el género y la sexualidad. Su propuesta teórica de considerar el género y la identidad en términos de performance y performatividad ha constituido uno de los mayores impulsos teóricos en el feminismo y el los estudios gays y lesbianos en la década de los noventa. A partir del feminismo radical y de la filosofía postestructuralista (Foucault y Derrida fundamentalmente), Butler lanzó un desafío al cuestionar la esencialización de las categorías y de las identidades tanto en el plano de la teoría como en el de la eficacia política.

En Lenguaje, poder e identidad, Butler aborda la cuestión de la performatividad en su relación con lo político con un enfoque más amplio. El libro analiza la forma en que el lenguaje, en su dimensión performativa (de acto que produce efectos) juega un papel central en la constitución subjetiva (en la producción de la identidad), y cómo de este modo está implicado en la reproducción tanto como en la subversión de las relaciones de poder.

A partir de una consideración del insulto como acto de habla performativo, Butler se interroga sobre la eficacia del nombre para producir efectos de reconocimiento e identificación. La interpelación que Althusser sitúa, en su teoría de la ideología, como momento inaugural del sujeto señala hacia una radical dependencia del sujeto con respecto a la llamada del Otro y hacia una existencia marcada por la vulnerabilidad lingüística. Y es en este contexto en el cual el insulto y el lenguaje del odio adquieren su sentido como actos que extraen su fuerza de este carácter dependiente del lenguaje de todo sujeto. "¿Podría acaso el lenguaje herirnos si no fuéramos, en algún sentido, seres lingüísticos, seres que necesitan del lenguaje para existir?" (16). Esta aproximación a la subjetividad se aleja de toda consideración de un sujeto soberano, plenamente consciente y dueño de la significación y de los efectos de sus actos. Toda agencia estará marcada desde un principio por esta dependencia al lenguaje (a lo simbólico) que limita, a la vez que posibilita, sus capacidades.

Pero si todo terminara en este punto, Butler habría cerrado la puerta a toda posibilidad de transformación y ruptura. Ésa es precisamente la crítica que la autora realiza a lo largo del libro a determinadas propuestas políticas que apuestan por una intervención estatal dirigida a censurar las manifestaciones del lenguaje de odio. ¿Es inevitable que todo insulto genere un refuerzo de la subordinación social al repetir la operación de interpelación por la cual los sujetos excluidos y abyectos son constituidos? Esa parece ser la posición de Bourdieu que Butler critica en el último capítulo del libro. Según la interpretación que Bourdieu hace de la teoría del performativo de Austin, éste recibe su fuerza del contexto social en el cual se produce, de la posición del sujeto que realiza la enunciación en las relaciones de poder. Son este contexto y esta posición los que le confieren su legitimidad y aseguran su éxito. En este punto es donde Butler se distancia de Bourdieu para explorar, a partir de la lectura de Austin realizada por Jacques Derrida, el potencial subversivo del performativo.

Desde la posición de Derrida todo performativo está estructuralmente caracterizado, en tanto que signo, por ser repetible. La iterabilidad implica que todo performativo, para ser reconocible ha de ser una cita y que por lo tanto, siempre hay una dimensión que excede la singularidad de la situación y del sujeto que lo pronuncia, y lo abre a un posible funcionamiento en contextos diferentes que no pueden ser previstos ni determinados con anterioridad. Dado que el performativo recibe su significado del contexto, y dada la imposibilidad de totalización de éste último (siempre es posible un contexto distinto donde el performativo adquiera otros significados), existe en su propia estructura la promesa de un uso subversivo, de una resignificación e inversión de sus efectos. De este modo, es posible pensar y articular formas de resistencia política que operen en este margen, en esta distancia irreductible entre la enunciación y sus efectos.

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