Untitled Document Athenea Digital. número 6- otoño 2004

Sennet, Richard (2003)
El Respeto. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad. Barcelona: Anagrama.



Liliana Edith Ferrari
Universidad de Buenos Aires
ferrarililiana@hotmail.com

 

¿En qué género literario se ha de formular una indagación sobre las fuentes y modos del respeto en la sociedad contemporánea? ¿Hasta qué punto es posible analizar el respeto como un efecto de las relaciones sociales y de sus fronteras, y dejar de sustanciarlo como la materia prima inagotable o escasa, que produce nuestro tributo al ideal de igualdad?

El respeto es un bien escaso y se hizo más escaso en Cabrini Green

El trabajo de Sennett, que se escribe tratando de conservar cierta distancia entre la autoconfesión y la formalización de una teoría de lo social, busca la reflexión crítica acerca de las consecuencias subjetivas de anclar y estimular el carácter social y las diferencias individuales a expensas de sustraer especificidad, dignidad y autonomía a los desconocidos, los débiles, los extraños. Procura además advertir en torno a los intentos de saturar infatigablemente la distancia producida entre débiles y fuertes, familiares y extraños, conocidos y desconocidos volviendo a repasar las fuentes de la desigualdad, en tanto diferencias individuales y diferencias producidas a partir de la organización social 1.

Esta indagación se produce convocando las historias de grupos, individuos, instituciones y políticas norteamericanas, anudadas en la vida personal y familiar de Sennett, entre su infancia de barrio de asistencia social, Cabrini Green del Chicago de los 40, su escape a Harvard, a la London Schooll, y su vuelta en el entramado de este texto, escrito en el 2003.

Historias de un lugar y un tiempo por los que Sennett nos lleva para analizar- con la agudeza del transeúnte de la movilidad social ascendente, que no se sofocó en la exhibición de sus méritos- la relación de las diferencias individuales con los mecanismos de construcción social, y de sus efectos en la expresión del respeto de sí y el reconocimiento mutuo.

Son historias de los modos de vida en una estructura de clases, y despliegan el imaginario liberal que se encarna en las intervenciones alternativas utilizadas en la realización del bienestar. La primera construcción del bienestar y el integrismo racial, propiamente estadual y en oposición a la asistencia de beneficencia religiosa, involucró la ingenuidad de los reformadores del estado junto con sus diseños burocráticos de atención social. Sostenían a partir de la modelización institucional del carácter y la necesidad social, una estigmatización de la dependencia, a la par de una paradójica negación de la autonomía de los que dependen. Las instituciones y sus funcionarios dan la medida, el punto de corte entre acierto y error, las rutas de premio y los destinos de castigo. La segunda construcción de la asistencia social, cuya vigencia se mantiene hasta el presente, consiste en la asistencia social liberada y sus tendencias diversas: reconvertir en trabajador al destinatario de la ayuda social, incrementar el crecimiento del voluntariado al ritmo del jazz social, remediar por la asistencia de la comunidad y por organizaciones intermedias de prestaciones cortas y de contenido laxo.

El valor del valor: ¿soy alguien o qué?

Buena parte del interés del texto de Sennett consiste en cómo desarrolla y presenta- realizada en su propia biografía, a la manera de una genealogía efectiva- hasta qué punto las fuentes del respeto de sí y del respeto mutuo no son las mismas, y que la consecución del primero no contribuye espontáneamente a la realización del segundo.

Al abordar una forma interpretativa dominante que atraviesa nuestras relaciones sociales y encalla numerosas reflexiones críticas acerca de las mismas, trata la presencia o ausencia de respeto, los contenidos y objetos sociales destinatarios y causa del respeto, a partir de su atribución relativa al valor de la igualdad para la consecución de una sociedad de reciprocidades.

De esto resulta el sostener que, en tanto sociedades occidentales, orientamos nuestra organización al ataque de las desigualdades con el objeto de aumentar las condiciones, ocasiones y la estofa misma del respeto propio, y de la reciprocidad. Pero el autor insiste, el respeto es escaso, y su enraizamiento a la igualdad no lo ha multiplicado, ni lo ha vuelto mutuo.

Por lo tanto, algo del valor atribuido a la condición de igualdad opaca los códigos por los que se construye la experiencia de respeto en las sociedades contemporáneas, una reconstrucción posible de esta dimensión invisibilizada nos conduce a los modos en que la sociología dio cuenta de relaciones sociales emparentadas al respeto:

  • La posición en una jerarquía, que habilita el requerimiento de quienes ocupan posiciones superiores a ser tenidos en cuenta.
  • El prestigio, que asociado al desempeño más que a la posición produce reconocimiento de lo logrado o de lo poseído.
  • El honor social, donde se compromete la reciprocidad con otros, en tanto reaseguro de la propia imagen.

Estos parientes sociológicos del respeto, marcan una cierta historicidad de las condiciones en que se producen y legitiman las necesidades de los otros o las propias. Las dos primeras implican relaciones de desigualdad, la tercera introduce el problema de los límites del compromiso del honor, al alcance del código de un grupo.

La esencialización del respeto contemporáneo: lugares dignos, dignas actividades

El estudio sobre los significados sociales del respeto en las sociedades contemporáneas occidentales lleva a Sennett hacia otras dos formulaciones cruciales para el pensamiento moderno, el cuerpo y el trabajo.

Cuerpo y trabajo son construcciones sociales a las que se anuda la dignidad de la condición humana y, a su vez, en su realización como tal, son proyectos que involucran los cursos de acción personal y la relación con otros - en una trama no exenta de desigualdades irreductibles al reconocimiento social como diferencias equitativamente respetables.

Dignidad del cuerpo, dignidad del trabajo, son las significaciones a partir de las cuales se organizan y funcionan los códigos sociales de producción de respeto, para las realizaciones específicamente asociadas a cuidar de sí, hacer algo por sí mismo y ayudar a los demás.

De estas tareas, de su producción efectiva de respeto/ irrespeto, resulta posible no eludir lo que se ha elidido:

  • del cuidado de sí y la protección que aliviana de carga a otros, se desprende la dependencia y la vergüenza de admitir el desvalimiento.
  • del hacer algo con autosuficiencia y desarrollarse a sí mismo, se desprende la carrera frenética en pos del desarrollo de los talentos, y también el desprecio por el derroche de los mismos.
  • de la ayuda a los demás y la retribución o gratitud con otros, las injurias de la compasión en su vertiente institucionalizada o comunitarista.

Parte del intento de la obra de Sennett es el de reconectar cómo la sociedad moderna, ha delineado, a partir de los tres códigos sociales descriptos, las nuevas improntas y amenazas producidas en el carácter contemporáneo:

  • la orientación a la autosuficiencia,
  • el rechazo vergonzante y culpabilizador de la dependencia,
  • la incertidumbre de sí y la reducción de ocasiones de estima, producida por la tendencia a la evaluación y promoción del talento potencial a expensas del talento expresado en logros realizados,
  • la conversión del ciudadano demandante en espectador de sus necesidades.


¿Cómo se experimenta entonces otro reconocimiento mutuo que el del espejo?

Allí en última parte del libro, y por cierto su título es carácter y estructura social, uno comienza a advertir las dificultades, las dificultades que no son sólo de Sennett, son de la teoría social, son de la organización social.

Siguiendo a Sennett, si se persiste en cierto apuntalamiento de la autoconfianza como condición del respeto de otros, ocurrirá lo que ocurre.

Cuando desde los espacios sociales organizados a partir de las diferencias de fuerzas y talentos potenciales, se promueve unidireccionalmente la movilidad social apreciada, esta va desde la masa avergonzada y resentida aunque capaz, hacia la élite, cualificada por su mérito potencial. No menor es el efecto en los vínculos horizontales, lo solidario queda desplegado para la élite en formas de honor social vinculadas al amor propio y el modelo del grupo; mientras lo solidario de las masas se encuentra negativizado en experiencia social de desvalimiento y fragilidad, cuanto en el resentimiento o la culpabilidad de quienes ensayan otras solidaridades.

Entonces ¿qué?, Sennett escribe giro de carácter, giro hacia fuera, afuera es el mundo. Giro interesado en practicar intercambios que suspendan imágenes compartidas y previsiones astrológicas de sufrimientos y de placer, giro que no se aterrara de proyectarse en formas de dependencia adulta. El lector buscará infructuosamente que la obra valide una u otra política, una u otra forma institucional, un modelo de organización siquiera sugerido, y en el mejor de los casos se encontrará girando.

1 De esta forma, Sennett no abandona los dos ejes tradicionales de la sociología norteamericana de vertiente estructural funcionalista y, confirma la irreductibilidad de ciertas diferencias individuales como las capacidades efectivizadas. Pero su tratamiento “realista” de los talentos, lo producido en el oficio y de otros “hechos”, resulta de su propia estrategia argumental y mucho menos de una insuficiencia deconstructiva.

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